No recuerdo un mes de mierda como ese abril. Al problema en el trabajo y la traición de Juan se le sumo que me dejó la Gladys, y por pelotudo vengativo que soy se me ocurrió ir a buscarlos, porque la traición de uno y el abandono de la otra eran parte del mismo asunto. Creo que nos vamos entendiendo. Y todo envalentonado y nervioso como iba me cegó lo suficiente la furia como para equivocarme de parada y bajarme antes del colectivo, como a cinco cuadras del telo donde supuestamente los iba a encontrar y no contento con eso, con el arma en mano en mi loca carrera a la venganza quise saltar la zanja para tomar la vereda y tropecé. Un ruido fuerte y mi humanidad yéndose de boca para caerme en una zanja de ese barrio de mala muerte cerca de ruta 3 y que ironía la mía, porque de tan pelotudo que fui ahí mismo parece que me morí.
Que cosa rara la muerte, porque lo raro de todo es no ver túnel ni luces al final ni nada. Ni una trompetita. Fue tan rápido que no pasó la vida ante mis ojos, o fue que no había plata para el guión de mi vida, por ahí no estaba prestando atención, no se, aunque sea un para un par de capítulos. Fue como caerme en un pozo muy profundo donde los sonidos se distorsionaban y el olor y el calor subían mientras yo bajaba. Claro que fue casi una sorpresa porque la verdad no me imaginaba irme para abajo. Un angelito ni por asomo iba a cruzarme en ese viaje, desayunándome que por un momento de calentura insana, después de una vida de pagar impuestos e ir a la iglesia algunos domingos, tomar la comunión y derivados, me habían sacado tarjeta roja en la última jugada. Un error con olor a azufre.
Aparecí en el suelo tibio y húmedo medio mareado ante lo que parecía una entrada. Eran puertas gigantes, altas, todas labradas pero que no parecían de madera. Eran como de hueso o algo así que se abrieron lentamente y un tipo con cuernos y un cuaderno Gloria bajo el brazo que se asomó extrañado.
—¿Qué hace usted acá?
Yo puse mi mejor cara de idiota a ver si me mandaban de vuelta a la vida sin demasiado trámite. Después de todo estaba a tiempo de agarrarlos antes que se les termine el turno a esos dos. La explicación era sencilla. Me había muerto a tres cuadras de ese hotel de alojamiento de mala muerte donde estaba mi mujer con el forro de mi amigo. Se iban a cojer al culo del mundo por una ruta perdida para evitar sospechas pero yo era vivo, muy vivo y me había enterado porque le había revisado la computadora a mi compañero. La cosa era convencer al tipo de la puerta.
—Ah pero es un boludo usted. Teníamos en carpeta a Montes Gladys, adulterio, mentiras reiteradas, concuspicencia, balazo en el esternón y daño masivo del músculo cardíaco y Ordoñez, Juan, hmm lo mismo, balazo en el vientre...bla bla bla...heridas internas...mentiras reiteradas, adulterio, concuspicencia, tabaquismo y...sí, acá está, envidia. Usted tenía que perpetrar los asesinatos hace 15 minutos.
Me salió una sonrisa pero agaché la cabeza como compungido. Así que me envidiaba esa mierda pensé triunfante. Eso me animó.
—Si me habilita jefe, voy y se los traigo. Me pego un tiro ahí nomás yo también y armamos el combo.
—Nooo amigo, no funciona así. Usted ya lo decidió. Esos dos perdieron la llamada pero a usted lo tengo que anotar en la planilla, después se carga en el sistema. Venir acá es todo en bajada.
—Y no hay manera de...que se yo ¿una prórroga o algo?
El cornudo se volvió a fijar en el cuaderno e hizo un gesto desaprobatorio.
—Si lo anoto como alma en pena es por poco tiempo. La manera de morir es un indicio de que arriba tampoco le tenían mucha esperanza. Lo van a encontrar enseguida, mire que ahogarse en una zanja de 10 centímetros de agua podrida es casi una hazaña. No vale la pena, lo van a identificar a primera hora de la mañana y de ahí, derechito a la morgue.
—¿Cómo que ahogado? yo me pegué un tiro sin querer, o quizás lo quise hacer, estaba deprimido.
—Mire —me dijo sin mostrar en realidad mientras señalaba el cuaderno naranja con vehemencia —usted se pega el balazo accidentalmente al tropezar con el arma en la mano, un tiro certero, cercenamiento de columna altura vertebra cervical C7, cae boca abajo sobre curso irregular de aguas servidas, paralizado del cuello para abajo. Asfixia por inmersión. Una lástima.
—¿Ni para asustar en silla de ruedas sirvo? —intenté parecer simpático pero me miraron feo.
La cara del cornudo lo decía todo. Negaba con la cabeza una y otra vez y hojeaba el cuaderno al que parecían nunca acabársele las páginas aunque era de los finitos.
—Hagamos algo —arrancó el cornudo y mi cara se iluminó de esperanza. —Yo tengo que ir a preparar todo de nuevo. Tenía el pozo de las arañas para su señora que ya sabemos que les tiene miedo y el cuarto de los espejos deformantes para su amigo que le tenía pavor a verse feo, a las deformidades, a la edad y todo eso. A usted todavía no le preparé nada. Tenía que estar detenido a esta altura, rumbo a la comisaría.
—Bueno, vaya preparando si quiere y yo ahora vengo.
El coludo se rió, dijo algo como "estos mortales son todos boludos" mientras cerraba el cuaderno, le ponía una bandita elástica y lo metía bajo el brazo. Chasqueó los dedos y se fue para adentro silbando. Confieso que casi no sentí el viaje, todavía estaba pensando que significa concuspicencia y ya estaba parado de nuevo junto a mi cuerpo. Me ví y entendí que en algo tenía razón el diablo ese. Las piernas y los brazos me habían quedado por fuera de la zanja que era diminuta. Angosta a más no poder. Apenas un hueco donde solo cabía mi cara. Y fue todo lo que necesité para morirme. Estaba culo arriba con la raya asomando en todo su esplendor, de la manera más indigna que se pensara para ser recordado. Así estaba yo. Me puse las manos en los bolsillos pero no me pude sacar el frío de la madrugada porque nada abriga a un muerto. ¿Qué carajo iba a hacer ahora ahí a esa hora que no había nadie? Encima era un barrio bastante feo pensé. Estaba tan apurado por salir del infierno que no pedí demasiadas instrucciones.
Pasó un tipo caminado, de buzo verde Adidas y me vió. Bah, vió mi cuerpo ahí tirado y caminó más apurado. ¿Tenía que asustarlo? ¿pedirle que vengue mi muerte o que descubra mi cuerpo escondido y lo entierre para poder descansar en paz?
Ni idea.
Me quedé un rato parado. Un perro me vió de la otra vereda y me aulló medio asustado. Tuve miedo que me mordiera o algo hasta que me acordé. No iba a poder.
Mejor. Me mordió uno de chico y me quedó la impresión.
A la hora ya estaba aburrido y me dolían las piernas que no tenía pero no podía sentarme. Parece que no podemos por alguna cuestión de la incorporeidad, que se yo. Tampoco recuerdo ver un fantasma sentado en alguna película. Las casitas bajas apenas estaban iluminadas. Si alguien se asomaba por ahí veía la escena y llamaba a la policía. Eso sería un alivio porque no podía caminar a ningún lado ni moverme de mi cuerpo, de mi otro cuerpo, del real, el de carne, que seguía ahí con la cabeza enterrada en el barro. Por ahí si me levantaba, si me ponía en otra posición me salvaba porque en realidad estaba en coma o algo así como en las películas. Pero se veía el color grisáceo de mis brazos y en mis pantorrilas flacas, que asomaban porque el pantalón se me había subido, dejando ver que me había puesto zoquetes blancos con los zapatos abotinados que se me habían salido en la caída según parece. Tampoco me acordaba si me había puesto un calzoncillo decente. Asomaba el elástico rojo, seguro que no era la mejor opción, pero de tan enojado que estaba salí así nomás.
Un bulto dobló la esquina y oteó el panorama. Todavía estaba lejos del alumbrado. A medida que se acercaba fuí viendo verde...el buzo verde, volviste...dale flaco, vení, pensé como haciendo fuerza. Claro que no podía dejarlo pasar. Yo era un prójimo. Al final somos seres humanos viejo.
Me robó la billetera el hijo de puta.
Y los zapatos. Ahora estoy en zoquetes blancos, me tironeó el pantalón para bolsillearme y mi slip rojo muestra que las viejas no macanean cuando dicen que tenés que salir con tu mejor ropa interior a la calle. No fue mi caso.
Con las luces del día vino por fin un patrullero, pero nada de primera hora eh...se tomaron su tiempo y cayeron tipo 10 ya desayunados. Nadie vio nada ni escuchó nada. No hay testigos. Estoy tan embarrado que no ven el balazo.
—Otro borracho —dijo un policía.
—Un NN en vía pública, sin identificaciones, remitimos el cuerpo apenas autorice la científica. —modula el otro en la radio del patrullero. La científica son los peritos que vienen a ver si hubo un crimen o fue una muerte accidental, eso me enteré por una vecina que le contaba a otra el procedimiento. Me suben a la morguera finalmente. Un enfermero sacude la cabeza cuando le preguntan si van a identificarlo.
—Hay que mandar las muestras a La Plata, eso si alguien lo reclama...dudo.
La policía pasa todo el día yendo y viniendo. Preguntan a vecinos que parecen figuras de yeso de no ser por las constantes negativas
"No sé, no vi, no escuché"
Nadie me reconoce por las fotos, claro que con la cara medio embarrada no me reconoce ni mi vieja. Igual me pelee con ella en las fiestas y no nos hablamos. Quizás Juan haga algo, eso si ignora el mensaje amenazante que le dejé en la computadora
"Ya me enteré de ustedes hijos de puta!"
Mala jugada.
Y acá estoy, acá sigo. Hace rato que se fue la morguera, el patrullero y los vecinos dejaron de santiguarse y compadecerse del pobre borracho. Parece que ya se olvidaron del tema. Mucho no averiguaron, sospecho, porque Gladys ni se asomó por acá. Después me acuerdo que si tiene que identificarme la van a citar en otro lado porque mi cuerpo ya no está.
O por ahí no se enteró y fantaseo pensando en una vida de culpa para ella cuando le den la noticia. Pero si no le avisan va a pensar que me fui porque me enteré ¿Para qué le habré dejado ese mensaje a Juan?
Sigo esperando a ver si mandan las pruebas a La Plata. O algo. Y me empiezo a preguntar como sigue la no vida. No puedo asustar a nadie realmente si estoy transparente. No se me ve ni haciendo fuerza. Y lo peor es cada vez que me muevo, si doy un par de pasos el lugar mi deceso me atrae como un imán gigante y vuelvo a estar junto a la zanja de nuevo. Una y otra y otra vez. Como si estuviera anclado al lugar del hecho, así que me quedo parado. Porque parece que los fantasmas no se sientan.
Pasa poco en el barrio, de noche se pone espeso. Hubo un par de tiroteos y la gente se encierra temprano. Eso escuché que contaban las vecinas cuando iban a comprar. También que cuando el gendarme de la esquina se va a trabajar de noche viene un remisero a su casa. Me asombró un poco, parecía seriecita la señora. Mi Gladys también pero mirala ahora. Anda en camioneta con Juan, los ví pasar por la ruta...bah, adivino que era la camioneta de él pero apenas quise fijarme y me alejé unos pasos y me chupó la zanja. Pero es parecida y pasa seguido. Empiezo a sospechar que ese cornudo de las puertas se sabía la movida y este es mi infierno personal. No puede ser que siga acá tirado. Esperando.
¿Habrá alguien haciendo el trámite en La Plata?
Silbo pero no hago ruido por la cuestión del aliento. Sigo con las manos en los bolsillos pero heladas y descalzo porque el tipo de buzo verde me llevó los zapatos. Los zoquetes blancos relucientes eso si, y veo que la gente se empieza a guardar temprano porque está refrescando. Me preparo porque esta noche parece que va a hacer frío. Y yo no tengo cuerpo para calentar.