martes, 21 de julio de 2026

La revancha

 Esa noche casi no durmió, desde lo del diagnóstico sentía que dormir demasiado era casi regalar vida.

Era una mañana fría, de esas dónde los inviernos te corren el día un rato para estirar la noche todo lo posible. Se estiró un poco, se puso la ropa de entrenamiento, guardó las vendas en el bolsillo, tragó algo para disfrazar el desayuno con un trago de Coca Cola y salió. Trotó hasta la parada del bondi para empezar a calentar el cuerpo. Sería un día largo de entrenamiento. Apenas se sentó apoyó la sien en la ventanilla empañada pero apenas podía verse algo. Era una excusa para dormitar. Todo eran manchas corriendo detrás de la humedad del vidrio. Los palos de luz dejaban entrever la claridad de los focos que todavía iluminaban las calles vacías. Le dolía el hombro un poco. Estaba cargado el músculo. Mucho entrenamiento de guardia, alta... siempre alta, para que no lo sorprendan en la pelea. Alguna vez pensó en rechazarla. La gran revancha. Por qué sería gran? Apenas un recuerdo de juventud, cuando había rivalidad con el gran talento local. Él era "la promesa", no él, claro, sino el otro. El que se preparaba para el título internacional, para la gran pelea, y él, solo un contendiente, estadística para engordar el promedio. 

--Vamos tranquilos Rubén, no lo presiones -- le dijo su manager --es el chico dorado. La promesa.

Quizás debió escucharlo. No sé. Es que el chico dorado hablaba demasiado. En el ring se escucha poco, todo es quejidos, murmullos ajenas, espasmos de dolor y esfuerzo. Pero el chico dorado no se callaba, insultaba, desafiaba, prometía muerte, dolor..."matar o morir" "matar o morir" lo aguantó dos rounds, tres y después lo hizo enojar, a él, no al otro, que tenía un hueco gigante cuando lanzaba la derecha bajando la izquierda en el proceso. Avisaba el golpe y dejaba la puerta abierta para la contra..."matar o morir" matar o morir"

Claro que mató, él, no el otro, a través de esa puerta abierta en la defensa que lo regalaba cuando se venía...

"Matar o morir" "matar o morir " y los golpes que entraban caminando, a él no, al otro. Y la chance mundialista que quizás empezara a escaparse, no sé, no leía mucho los diarios en esa época, no supo si siguió peleando, si consiguió la pelea por el título, si había hecho historia. Que se yo, solo pegó y pegó, él, no el otro. Que recibió para el campeonato y salió semi desvanecido después del knock out técnico del quinto round. 

Esa ceja abierta fue casi para quirófano, había que coser y coser, a él no, al otro. Caras enojadas y el manager amenazando con hacernos mierda, al otro no, ese ya estaba casi destruido, a mí, a mí pero no importaba. Casi se murió, creo, mucho castigo. No me acuerdo, no leía mucho los diarios. 

Se bajó en la esquina del gimnasio. Osvaldo recién abría y tenía cara de perro, como siempre. Pero no de los que salen en Facebook y parecen tiernos, la de los perros flacos y rabiosos. Esa.

--Estamos listos campeón? hoy hay que trabajar esa guardia. --dijo y entró. Lo siguió y se fue al vestuario a ponerse las vendas. La guardia, siempre es la guardia. Alta, alta, como si de eso dependiera todo para la revancha, y quizás así fuera. Del otro lado seguía siendo el mismo lema, la misma promesa, solo que ahora era en venganza..."matar o morir" "matar o morir" repetía ese hombre que supo ser un muchacho ambicioso. 

Hoy era casi un boxeador retirado. Él? si, y también el otro.  Solo que él no tuvo una carrera buena. Lesiones y mala salud. Malos trabajos, malas elecciones, mala vida. Y cuando creía que no se subiría más a un ring llegaba el diagnóstico, la cara seria de un médico, después de otro médico y otro...fase cuatro...avanzado...terminal. Tratamientos interminables. Turnos de madrugada. Salas de espera. Algunas cosas eran gratis pero otras, no, y bastante caras. Así que cuando volvieron a preguntarle por un regreso, y por una revancha con el chico dorado que ahora era un tipo sin lustre, dejó de preguntar...para qué? y empezó a preguntar... cuánto hay? 

Los remedios son caros, el tratamiento es largo. La esperanza es poca... la plata también, y las palabras que flotaban en su cabeza como aquella vez se oyeron en el ring, una noche de velada, un viernes cualquiera...matar o morir...matar o morir...y él que ya no tiene tiempo de pensar en el miedo, porque amenaza más la vida, un ring es más simple, más sencillo, ahí sabés de dónde vienen los golpes. La vida es más jodida. Pega a veces a traición, en un consultorio con un tipo que no se venda las manos y te sacude de lo lindo. Y ese médico tan prolijo y frío te habla con palabras que nadie entiende pero asustan, y deja en el aire el knock out más espectacular...no dice matar y morir pero suena al final de una pelea y le parece que de esta no hay revancha.


martes, 7 de julio de 2026

La mano seca

 concept

hombre que llega hasta una casa humilde después de un largo viaje por el conurbano para pedir algo, es como una bruja, y le avisa que si quiere pedirle a esta entidad específica no acepta promesas, debe dar algo propio, algo húmedo, algo visceral, los dedos de su mano uno por uno 

jueves, 11 de junio de 2026

Los 5 minutos

 ... --Porque había algo que me decía mi viejo y sabés que tenía razón... porque el me decía, escucha lo que me decía...que cuando pasan las cosas, las cosas de verdad tenés 5 minutos para decidir, no te tomés más porque la vas a cagar... ahí te acobardas entendés?... ahí...y empezas a dar vueltas y la cabeza se enrosca, empezas a transpirar y te fruncís...te fruncís. --se levantó y caminó para el lado de la puerta. Tenía una mano en la cintura y con la otra señalaba a la nada mientras elaboraba el argumento y armaba la idea en el aire como dibujando las palabras. El otro miraba mientras fumaba despacio, saboreando el tabaco en el paladar, era una mañana fría.

--Yo me enteré esa tarde, me llamaron al laburo, era mi primo. No dió muchas vueltas. derecho viejo, fue al hueso. Mi familia nunca la quiso y no se la iban a perder...no me olvido más...--por un instante paró de moverse como si la frase a continuación dependiera de un momento de quietud absoluta mientras usaba las dos manos para moverlas al compás de la frase que venía.

--Juan... la Gloria te está cagando... así, seco --dijo y pegó el puño derecho sobre la palma izquierda. Cómo si una verdad absoluta se hubiera manifestado. --Pum! bommmba y la cabeza se me voló a la mierda. --dijo haciendo que las manos se le separaran de los costados de la cabeza en onda expansiva --Me fui directo a buscarla. Había agarrado un cuchillo en el camino, no me preguntes dónde, porque ya estaba en la cintura de golpe. Y arranqué...la fui a buscar a la casa. Porque veníamos con problemas viste? ella se había vuelto al departamento pero estaba todo cerca, todo muy fresco, porque si tan pronto se había olvidado de mí es porque antes ya andaba pensando en otros entendes? ya estaba en otra...

El otro se había prendido un nuevo cigarro y solo miraba hacia la puerta, jugando con sus llaves. A veces perdía el hilo del relato pero dejaba que el otro se descargue. No había manera de pararlo tampoco. 

--Ya había tomado mí desición entendes? no podía parar. Eran los putos 5 minutos de siempre. Porque aunque después dudes ya sabés que la bola no se puede frenar. El ímpetu... el ímpetu, no podes perderlo. Estás en movimiento y frenar es la muerte, apagarse, entregarse a la situación. Rendirse entendés? es rendirse.

El otro ni lo miraba, añoraba la calle, salir, respirar y poco más, quizás un poco de silencio.

--Y cuando llegué creo que ahí tomé dimensión. Entré con las llaves que nunca le devolví. Y me encontré de frente con ella. Estaba en el balcón. Miraba para adentro. Ví que tenía los ojos llorosos y sentí que ahí estaba la confirmación. Ya estaba todo, no hacía falta más. La cosa es que su mirada me paralizó. No saqué el cuchillo, no la quise asustar pero ahí estaba. Con la cara desencajada. Con la mirada fija, esperando algo, algo que rompa la tensión. Ella me miró pero no mal...bien, tranquila. Como cuando sabes todo lo que va a pasar, viste esa mirada de calma profunda? como viendo una película otra vez y adivinando lo que van a hacer los actores. Bueno...eso, me desarmó. 

--Julia pará...que vas a hacer?










































































































































domingo, 24 de mayo de 2026

Rasguños

 Apenas entró sintió un fuerte olor a perro, como a pelo mojado pero más intenso, a animal encerrado. A heces viejas, a orina. Estaba acostumbrada a ese tipo de familias. Era mejor esa realidad que otras dónde faltaba también la empatía por los animales. Se sentó dónde pudo sin pensar demasiado en su pantalón de vestir nuevo. Le sonrió a la nena que jugaba en el piso percudido y grasiento. Quisiera haberla sentado con ella pero el sofá estaba lleno de ropa sin doblar y mantas dónde el olor era más potente todavía, entendió que estaba sentada en la cama de alguno, por ahí era un animal enfermo...

Apenas volvió la mamá, empezó a escuchar que rasguñaban la puerta que parecía dar al patio interno. Arañaban con ansiedad como queriendo entrar. 

—Parece que quiere entrar la mascota. —atinó a decir la mujer para entrar en confianza. La mejor miró para el fondo y simplemente sonrió.

—Mascota?... ojalá... nosotros no tenemos mascotas.


domingo, 18 de enero de 2026

En el borde

 —0600 cabo, fui clarito.

—disculpe mi sargento, tuvimos problemas para...

—yo le pedí excusas?

—disculpe señor

—reuna al grupo. Cancelado el desayuno. Hay que moverse.

Gómez se cuadró trabando la mandíbula. Estaba enojado pero clavó la mirada al frente sin vacilaciones. Una marcha de 10 hs con el estómago vacío era un día de mierda, todos lo sabían. 

Cuando lo comunicó el grupo se quedó en silencio. Se miraron. El teniente estaba verde y creyeron que se amoldaría a ellos. Error de los grandes. Era un oficial con el ego más grande que ese paisaje, de esos que quieren mostrarse, demostrar algo, pero en la montaña no hay público ni aplausos. 

Partieron cuando clareaba pero todavía el sol no había aparecido. Marcha mojada. Malestar y poco más.


sábado, 13 de diciembre de 2025

Teoría de las puertas

 —Gracias por recibirme profesor—dijo el joven al entrar al despacho.

—No suelo hacer excepciones señor González pero tengo que admitir que me intrigó la manera que tuvo de abordar el tema. Tome asiento.

—Jorge, me llamo Jorge.

—Encantado Jorge, 

domingo, 9 de noviembre de 2025

Puesto 4

 Estaba sentado en la diminuta cocina con un mate frío en la mano mientras los mensajes de whatsapp se sucedían en catarata. En un momento decidió silenciar las notificaciones ya que rompían su preciado silencio matinal. Todo había empezado con un número de teléfono, una referencia, un trabajo de último momento. Lo raro era ver más ansiedad en el hombre que intentaba contratarlo. Debería ser al revés. Que el depósito no podía quedar sin vigilancia, que el galpón 1, que el puesto de la entrada...repetía sin cesar, necesitaba alguien cuidando algo, eso le había quedado claro. Sin embargo no se justificaba la urgencia en base al poco dinero que ofrecía, pero un hombre en sus 40, recién separado y teniendo que pensar en un futuro divorcio no tenía demasiado opción o paladar para el trabajo. 

"Hasta que aparezca algo mejor" se mintió.

Confirmó que estaría esa tarde a las 7 de la tarde en el depósito. Una ubicación le llegó como cierre a la charla con Damián, desde ese momento, su potencial empleador.

—Nos vemos ahí —respondió, y se guardó las 20 preguntas que restaban por hacer. Habría tiempo para eso, ahora tocaba organizarse. Cerró ese chat y buscó otro contacto. 

"Marta amor"

Se quedó pensando y decidió que era hora de editarlo. 

"Marta"

—Hola, paso a la tarde a buscar los zapatos.

Un pulgar amarillo en alto apareció como respuesta. Ella no quería hablar con él. Y no la culpaba. Siempre se le puede echar la culpa a un mensaje inoportuno, un "desliz" que a veces no lo es tanto. No había sido mucha la historia con Teresa, esa vieja amiga de su juventud que había vuelto a contactar cuando las cosas no andaban bien entre ellos. Era sabido que Marta no iba a perdonar eso. Era de esas mujeres que pueden soportar muchas cosas pero que marcan la frontera. Él sabía lo que ella pensaba, pero igualmente avanzó con su mentira, más por una rebelde necesidad de desafío que por algún carnal deseo medio instalado, y que pronto lo empujó hasta dejarlo cercado. Fueron suficientes algunos mensajes inoportunos para derrumbar su pequeño castillo de mentiras, y cuando eso se fue también se esfumaron las rutinas y complicidades. Su matrimonio no era precisamente un nido de amor, parecía más bien un refugio de obligaciones pero al menos era algo. Y ahora extrañaba ese algo. De nada servía no haber concretado nada con Teresa, por más que dijera a los cuatro vientos que no tuvo el tiempo, o las ansias, siquiera la organización, pero la voluntad de hacerlo fue toda la prueba necesaria para su condena. Esa pared invisible llamada confianza se había perforado de alguna manera. Lo peor era extrañar lo previo, ese algo imperfecto y en crisis. Extrañaba algo que quizás no era Marta sino eso, las rutinas, no tanto el amor, si es que eso existía entre los dos, pero si las cosas que hacían juntos durante el día. Tomar mates era quizás el ritual más añorado, le hacía recordar momentos en que se miraban sin decir nada. Y se entendían. Sin palabras, sin gestos, sin ceremonias. Hubiera llorado. Estaba seguro que sí, pero justo lo agarraron distraído, con la cabeza ocupada en el asunto de estar desempleado hace tiempo, con pocos ahorros y con el auto roto, tirado en el garaje cuando más necesario para trabajar era. Estaba en una precaria situación, similar a la construcción de una casa en venta dónde había caído de inquilino. Una tía medio trastornada fue la insólita salida que encontró a la debacle. A condición de poner en condiciones el fondo de la casa lo había recibido en esa pieza deshabitada entre los yuyos. A medio construir. A un cuarto de habitar. Ahora tocaba trabajar como fuera ya que no tenía nada. Apenas dos sillas y una mesa de jardin.  El colchón en el suelo y plásticos para reemplazar los vidrios en las ventanas. Lo bueno es que todavía hacia calor pero eso no duraría. Acondicionar urgente su nueva no vida era la prioridad.

Con su jean nuevo, sus zapatos lustrados y una camisa blanca encaró para la parada del colectivo. Se colgó la mochila con una campera fina, un tupper con un arroz cuestionable que se hizo al mediodía y un curriculum viejo por las dudas. Se sintió dentro de todo listo, y también desubicado. Los 40 minutos de viaje a esos enormes campos llenos de depósitos y mugre marcaron su destino. Si se arrepentía sería después de una semana completa. Había arreglado pagos semanales y había que completar las jornadas como fuera. 

Apenas bajó en la parada del Campo Viera se dió cuenta que quizás no estaba preparado. La ruta serpenteaba rumbo a las vías del fondo, pero los caminos que se abrían de ella eran religiosamente de tierra. Se miró los zapatos relucientes con pena. El vestuario estaba mal. camisa blanca, pantalón de vestir. Las espectativas estaban peor. Empezó a caminar mientras miraba el celular y el destino que le marcaba era un punto rojo perdido entre espacios vacíos que ahora interpretaba como lo que eran, campos baldíos y galpones viejos. 

Que carajo había para cuidar en esos campos? Pregunta válida.

A lo lejos vió una camioneta estacionada con las balizas encendidas. Roja, moderna a juzgar por la patente. Y un hombre apoyado en su caja con el celular en la mano. Aún le quedaba un trecho para llegar y ya se podía adivinar el carácter del dueño. Cambiaba de posición. Alzaba el celular como buscando señal. Se hacía visera con la mano mirando la calle que él desandaba con calma. El continuo cambio de postura mostraba su perfil ansioso. No había mucha posibilidad de que fuera alguien más que la persona que él esperaba pero aún así le mandó un par de mensajes pero no se tomó el trabajo de sacar el celular. El mapa decía todo derecho por esa calle perdida...1.4 km hasta su destino. Cuando llegó al fin su flamante jefe suspiró. 

—Pensé que no venías.

—Acá estoy.

El hombre le tendió la mano con cierto nerviosismo. 

—Damian... encantado.

—Paez Pedro Julio, un gusto. —le salió así, todo junto, como en la secundaria, como si estuviera en la colimba o andá a saber, cosas que pasan cuando se está nervioso y no se quiere demostrar.

Acto seguido le indicó con la cabeza enfrente. Un largo portón de caño y alambre con una puerta en uno de sus extremos cerraba el paso a un predio enorme con un galpón en el fondo. Una garita estaba a un par de metros de esa puerta, apoyada casi en el poste de luz que alumbraba esa entrada con una potente lámpara de mercurio. Julio se quedó mirando. Esperaba más precisiones. No las habría.

—Internaron a mi suegra, cualquier cosa mandame mensaje, no importa la hora —le dijo y le puso en la mano un manojo de llaves  —Tenés un cuaderno de novedades en la garita. Mandame un mensaje a la mañana cuando te vas. Siempre y cuando sea de día por favor, me voy que mi mujer está desesperada.

Lo vió levantar tierra en su camioneta roja y se quedó con las manos en los bolsillos, parado en la vereda, mirando hasta que se perdió en el horizonte que parecía ser la ruta por la que él mismo había llegado.

<<Acá estamos>> pensó mientras el polvo de la calle se asentaba y él pensaba cómo carajo había ido a parar ahí. No había quién le conteste eso así que enfiló para la garita. Un perro solitario aulló por los fondos, después solo silencio.

Había poco en su puesto. Apenas taburete, un handy cargando en su base. Un cuaderno de espiral gastado y un par de ganchos para colgar sus cosas. También algunas teclas que seguramente fueran de las luces del frente. Se fijó si la puerta cerraba, lo básico. Y cerraba nomás. Si las luces encendían, y encendían nomás. Ya había sido un alivio que el candado oxidado de la puerta de caño abriera después de tanto a la intemperie. Así fue que vió caer la noche, sentado en un cubículo de fibra de vidrio sin mucha idea de qué se hace en un trabajo como ese. 

A las 9 de la noche sonó el handy que se cargaba eternamente al parecer.

—Atento puerta principal, puerta principal puesto 4 llama...

Examinó un segundo el handy hasta encontrar el botón que parecía ser de respuesta. Primero lo apretó y soltó. Una luz roja se activó mientras estuvo presionado ergo había que mantener apretado a su entender.

—Aqui puerta principal...

—Luis?

—Negativo, Julio al habla.

...

Alguien se tomó su tiempo para retomar la charla, cuando ya había vuelto a dejar en la base de carga el aparato. Sin embargo era una voz, una presencia, algo que rompía la soledad del puesto. 

—identifiquese...—dijo Julio con aplomo, tratando de sonar decidido, recordando la conscripcion.

—Soy toda tu compañía Julio. Llevo mucho tiempo por acá. Primer día?

—No puedo dar información por este medio.

Había mirado algunos videos durante el viaje, gente que se dedicaba a eso. No sabía si podía interpretar el papel de vigilancia de forma creíble, eso del código Q era engorroso y llevaría tiempo de aprendizaje pero al menos le parecía que tenía que ser breve y directo, tratando de mostrar seguridad. Tenía que sonar como si fuera un policía, al menos así pensarían que estaba armado.

—Relajá Julito, relajá que por acá no hay nadie. Soy Miguel, del puesto 4.

—No tengo constancia de los demás puestos. 

—Cada establecimiento tiene su puesto principal, yo estoy en el galpón del fondo. Vos estás en el 1, el más alejado, y el más complicado.

Julio meditó pero no respondió. Si lo quería asustar o hacerle una broma no quería entrar tan fácil.

—No es para preocuparte Julio. Es tuyo es el más aislado. Y los muchachos anteriores no duraron mucho. Mezcla de aburrimiento y mala paga calculo. Es la muerte quedar del lado del campo Viera, de hecho tu galpón no existía, era parte de ese campo antes de que llegaran la máquinas y cortaran por ahí para hacer la calle, pero la hicieron en cualquier lado. Se equivocaron por 500 metros pero a la municipalidad mucho no le importó, se llevaron un pedazo del Viera para el lado de los vivos...

Julio resistió la tentación de preguntar mil cosas, sobre todo que es lo peor que le había pasado a los anteriores, temía que fuera por el sueldo, o la falta de él. La razón por la que cualquiera renuncia en definitiva, tampoco quería verse desesperado. Pero lo del Campo Viera se le quedó pegado en la cabeza. 

La charla siguió y así se enteró de algunos de los vericuetos del oficio en un repaso informativo. Luego el del puesto 4 dijo que salía de recorrida y Julio se volvió a quedar solo. Tenía un libro de novedades, eso sí. El handy eternamente cargando porque se descargaba rápido, por lo que no tendría mucha autonomía pero prefería tenerlo encima. Tenía que hacer rondines, básicamente, caminar por el predio. Y lo que hacía lo dejaba anotado con el horario. Hojeó el famoso libro de novedades y empezó a entender algunas cosas. Eligió una de las primeras entradas y fue salteando leyendo las que no parecían rutinarias.

...28/04 05:30 hs se procede a recorrer el predio hasta el sector Norte, se divisa actividad y se da la voz de alto. Intrusos se dan a la fuga. Sin más novedades.

...03/07 05:23 hs se detecta rotura de alambre perimetral, se realiza ronda completa, depósito con precintos intactos, entradas no forzadas, sin faltantes, sin mayor novedad.

...19/08 04:59 hs Se produce enfrentam lado calle San Blas, esquina Nobel, con tres natalias, se realiza disparo de advert, intrus en fuga, complet rondin, sin más novedad. 

Se quedó pensando. Miro el Campo Viera un rato pero todo era negrura. Seguro daba a alguna villa, los llamados barrios de emergencia. Pero no distinguìa luces, y era difìcil pensar en un barrio viviendo en la oscuridad. Era seguro que no estaban cerca pero eso no los detenìa. Què buscaban era la pregunta. Por qué no le avisaron que necesitaba un arma era lo otro. Miró a su alrededor para buscar algo, un pedazo de hierro, un palo, lo que fuera. No había nada, no tenía arboles de su lado y después estaba la calle y cruzando todo era negrura. No le parecía prudente entrar en ese escenario en busca de elementos de defensa. Prefería no cruzar la calle.

Volvió al libro de novedades, nada de repaso liviano. Ahora necesitaba información. Hoja por hoja, día por día, buscando algo que llame la atención. Al final del último registro encontró dibujos. Signos, símbolos, frases en lo que parecía latín...memento mori...amor fati...no había un patrón definido pero en todas las páginas dibujadas aparecía una puerta. Bah...el contorno de una, como una abertura, el rectángulo negro y encima éstas frases. Otra le llamó la atención pero estaba en cristiano, lo dejó pensando...

..."una vez es siempre"

No le parecía algo muy lógico. Pero ahí estaba, así que se dedicó un rato a deducir que podía entenderse de esa frase. La primera vuelta al predio, que en el libro se identificaba como rondín fue aburrida y agotadora, no sabía que fuera tan grande el predio. Fue por dentro, pegado al alambrado perimetral iluminando por momentos hacía la calle y en el fondo iluminando el predio vecino. Buscó otras garitas, otras luces de linterna, otros Páez Pedros Julios pero no había nada, nadie, negrura.

Cuando terminó de caminar y vió a lo lejos la mancha amarillenta que era su puesto ya había trazos de luz y rojo asomando del nacimiento del cielo. Amanecía. 

Para la próxima no esperaría tanto para hacer la ronda, se le había hecho largo, se pondría horarios, límites, rutinas y bastante mate. Había que organizar la noche. Partirla en partes y administrarla. Solo así las podría pasar. 

Cuando hubo suficiente claridad guardó sus cosas en la mochila, cerró con candado y encaró para el lado de la ruta. Mandaría mensaje cuando por fin estuviera sobre la ruta. Se fue con la claridad del día así que había cumplido con lo pedido. Cuando llegó a la ruta la silueta de un colectivo rojo se recortaba en el horizonte. Era el suyo. Una vez sentado mandó el mensaje 

"Me retiro, todo en orden, sin novedad"

Se durmió sentado. Apenas pudo abrir un ojo estaba en la terminal. Pero eran 15 minutos de retorno. Se tomó el que volvía y en un rato ya estaba sentado en su pieza del fondo. Hubiera desayunado pero estaba embotado, era otro cansancio y lo llevo a dormir hasta entrada la tarde. Cuando despertó apenas le faltaba un rato para irse. Había soñado con el galpón, la oscuridad del campo Viera, con gente que lo miraba desde la negrura. Viajó tenso. Ahora todo parecía amenazante. Trabajo... sueño...trabajo, todo era un continuo. Se sintió agotado y apenas era su segunda noche.

"Tomo servicio, sin novedad "

Se sentó en la garita pensativo. No podía dejar de mirar el campo de enfrente. Oscuro y amenazante. Omnipresente. Decidió hacer la ronda temprano. Linterna, handy y a caminar bordeando el alambrado por dentro. Si la luna ayudaba no usaría tanto la linterna. Ya no tenía la fuerza de la noche anterior. Era una luz más tenue y temía perder su única compañía. 

Terminó siendo mala idea. En cada esquina parecía haber gente parada mirando para adentro pero cuando alumbraba ahí no había nadie. No era confundir una rama, un tronco de árbol o algo, la luz no revelaba nada. Ni siquiera algo para confundirse. Caminó sin pensar demasiado hasta que escuchó el lamento. Era su segunda noche. Y todo cambió. Era un quejido ahogado pero constante, que lo puso tenso. No tenía con qué defenderse. La linterna era demasiado valiosa, el handy igual. Miró alrededor buscando un palo, un fierro, algo. Caminó despacio hasta casi tropezar con un bulto que sobresalía del alambre, estaba metido dentro del perímetro. Brilloso y ondulante. Era un torso que se agitaba entre el cerco olímpico.

—ayudame...por favor, me enganché. —le dijo llorando. 

Dudó. Era un pibe joven, con la cara llena de miedo. Qué tenía que hacer con uno así si lo encontraba adentro? tomó el asunto como la práctica previa porque todavía no estaba técnicamente dentro del perímetro.

Aprovechó que había traído sus viejos borcegos de trabajo y levantó el alambre con el pie mientras alumbraba el otro lado por si había más gente con él. No había nadie pero vió que estaba descalzo y con los pies ensangrentados. No entendió del todo la secuencia pero lo liberó y salió cómo liebre devuelta al monte para la oscuridad. Apenas cruzaron miradas pero trató de enfocarse en su cara para no olvidarla. No hubo ni un gracias pero no hubiera aceptado ningún tipo de agradecimiento, era la razón por la que estaba ahí en realidad. Cuidar que no entren aunque seguía sin entender que había de valioso para tomarse el trabajo. Supuso que al final solo eran rateros buscando la oportunidad. Cuando llegó a la garita enchufó el calentador y lo metió en el termo. Se había traído el agua, ahora que se había ganado un mate y un rato de calma. El handy seguía eterno en el cargador con la luz en rojo. Al rato escuchó una voz familiar. 

—Atento paladín de la justicia...

Apretó para contestar pero no le salió nada ingenioso así que soltó frustrado.

—Ya detuviste a tu primer morocho?

Cómo podía saber lo que pasaba en su rondín se preguntó. Tenía que estar más cerca, y sobretodo, demasiado pendiente de sus movimientos, eso lo inquietó. 

—No tenés laburo como para andar jodiendo con el mío. —arremetió sin miramientos ni lenguaje formal.

Del otro lado solo escuchó una risa socarrona. 

—Por fin te sacas el personaje, la del cana no te va.

Le bajó el volumen para no tentarse en contestar. El agua estaba hirviendo, y él también. Con un par de mates volvió la calma. Se preparó para otra vuelta, veía que el handy encendía el testigo cada tanto, supuso que el del puesto 4 le hablaba pero no habría respuesta de su parte. Tampoco era tan terrible la broma pero le molestaba esa cosa invasiva que intentaba el personaje ese. Con un rato de caminata todo pasaría, el cielo de a poco cambiaba de color en el horizonte. El resto de la vuelta ya fue sin novedad. Y así se terminó su noche aunque el día recién comenzaba.