resu un tipo sube al bondi y tres personas distintas se asombran de algo de su aspecto, la última es la que esclarece, se deben esperar las tres señales para intervenir
si esto es todo lo que puedo ser, mirame enloquecer
Terror desde el conurbano...
resu un tipo sube al bondi y tres personas distintas se asombran de algo de su aspecto, la última es la que esclarece, se deben esperar las tres señales para intervenir
si esto es todo lo que puedo ser, mirame enloquecer
Esa noche casi no durmió, desde lo del diagnóstico sentía que dormir demasiado era casi regalar vida.
Era una mañana fría, de esas dónde los inviernos te corren el día un rato para estirar la noche todo lo posible. Se estiró un poco, se puso la ropa de entrenamiento, guardó las vendas en el bolsillo, tragó algo para disfrazar el desayuno con un trago de Coca Cola y salió. Trotó hasta la parada del bondi para empezar a calentar el cuerpo. Sería un día largo de entrenamiento. Apenas se sentó apoyó la sien en la ventanilla empañada pero apenas podía verse algo. Era una excusa para dormitar. Todo eran manchas corriendo detrás de la humedad del vidrio. Los palos de luz dejaban entrever la claridad de los focos que todavía iluminaban las calles vacías. Le dolía el hombro un poco. Estaba cargado el músculo. Mucho entrenamiento de guardia, alta... siempre alta, para que no lo sorprendan en la pelea. Alguna vez pensó en rechazarla. La gran revancha. Por qué sería gran? Apenas un recuerdo de juventud, cuando había rivalidad con el gran talento local. Él era "la promesa", no él, claro, sino el otro. El que se preparaba para el título internacional, para la gran pelea, y él, solo un contendiente, estadística para engordar el promedio.
--Vamos tranquilos Rubén, no lo presiones -- le dijo su manager --es el chico dorado. La promesa.
Quizás debió escucharlo. No sé. Es que el chico dorado hablaba demasiado. En el ring se escucha poco, todo es quejidos, murmullos ajenas, espasmos de dolor y esfuerzo. Pero el chico dorado no se callaba, insultaba, desafiaba, prometía muerte, dolor..."matar o morir" "matar o morir" lo aguantó dos rounds, tres y después lo hizo enojar, a él, no al otro, que tenía un hueco gigante cuando lanzaba la derecha bajando la izquierda en el proceso. Avisaba el golpe y dejaba la puerta abierta para la contra..."matar o morir" matar o morir"
Claro que mató, él, no el otro, a través de esa puerta abierta en la defensa que lo regalaba cuando se venía...
"Matar o morir" "matar o morir " y los golpes que entraban caminando, a él no, al otro. Y la chance mundialista que quizás empezara a escaparse, a él no, que cobraba por pelea cuando faltaba alguien, y no había mucho de dónde elegir, al otro, ese que parece que había salido en la sección deportes hace unos meses, pero no sabía si era cierto, no leía mucho los diarios en esa época, no supo si siguió peleando, si consiguió la pelea por el título, si había hecho historia. Que se yo, solo pegó y pegó, él, no el otro. Que recibió para el campeonato y salió semi desvanecido después del knock out técnico del quinto round.
Esa ceja abierta fue casi para quirófano, había que coser y coser, a él no, al otro. Caras enojadas y el manager amenazando con hacerlos mierda, al otro no, ese ya estaba casi destruido, a él, pero mucho no importaba. Casi se murió, al menos eso creyó, o alguien le dijo, mucho castigo. No se acordaba, no leía mucho los diarios.
Se bajó en la esquina del gimnasio. Osvaldo recién abría y tenía cara de perro, como siempre. Pero no de los que salen en Facebook y parecen tiernos, la de los perros flacos y rabiosos. Esa.
--Estamos listos campeón? hoy hay que trabajar esa guardia. --dijo y entró. Lo siguió y se fue al vestuario a ponerse las vendas. La guardia, siempre es la guardia. Alta, alta, hasta el cielo, como si de eso dependiera todo para la revancha, y quizás así fuera. Del otro lado seguía siendo el mismo lema, la misma promesa, solo que ahora era en venganza..."matar o morir" "matar o morir" repetía ese hombre que supo ser un muchacho ambicioso. Ahora con algunas canas y menos brío.
Hoy casi un boxeador retirado. Él? si, y también el otro. Solo que él no tuvo una carrera buena. Lesiones y mala salud. Malos trabajos, malas elecciones, mala vida. Y cuando creía que no se subiría más a un ring llegaba el diagnóstico, la cara seria de un médico, después de otro médico y otro...fase cuatro...avanzado...terminal. Tratamientos interminables. Turnos de madrugada. Salas de espera. Algunas cosas eran gratis pero otras, no, y bastante caras. Así que cuando volvieron a preguntarle por un regreso, y por una revancha con el chico dorado que ahora era un tipo sin lustre, dejó de preguntar...para qué? y empezó a preguntar... cuánto hay?
Los remedios son caros, el tratamiento es largo. La esperanza es poca... la plata también, y las palabras que flotaban en su cabeza como aquella vez se oyeron en el ring, una noche de velada, un viernes cualquiera...matar o morir...matar o morir...y él que ya no tiene tiempo de pensar en el miedo, porque amenaza más la vida, un ring es más simple, más sencillo, ahí sabés de dónde vienen los golpes. La vida es más jodida. Pega a veces a traición, en un consultorio con un tipo que no necesita vendarse las manos y te sacude de lo lindo. Y ese médico tan prolijo y frío te habla con palabras que nadie entiende pero asustan, y deja en el aire el knockout más espectacular...no dice matar y morir pero suena a final, a último round de una pelea y le parece que de esta no hay revancha.
concept
hombre que llega hasta una casa humilde después de un largo viaje por el conurbano para pedir algo, es como una bruja, y le avisa que si quiere pedirle a esta entidad específica no acepta promesas, debe dar algo propio, algo húmedo, algo visceral, los dedos de su mano uno por uno, cuando se decide pasa a una habitación oscura con un espiral de carbón dibujado en la pared.
Había algo mal con esa casa.
No lo podía precisar pero era una sensación que lo acompañó desde que se paró en la puerta destartalada de una casilla tan precaria que dudó sinceramente de que allí viviera alguien que se dedicara a esas artes. Que alguien viviera meramente. El barrio estaba a tono, y podía jurar que lo seguían desde que se bajó del colectivo en la ruta, pero cuando estaba llegando a destino, los que escuchaba detrás de él murmurando y acercándose entre risotadas, habían dejado de oírse, parecían haber doblado y se alejaban ya sin risas y comentarios mucho menos animados. Al llegar a esa esquina ya estaba solo. El espectáculo era por lo menos, desolador. Apenas iluminada con un foco tenue que colgaba de un cable que bajaba desde alguna conexión incierta, estaba ese rancho. Dentro estaba el hombre de los masajes y "la señora que sabe"
No sabía a ciencia cierta que podía significar ese título. Pero así se lo habían señalado.
Fue raro como se dió todo. Fue en un jueves de fútbol que se coló el dato. Había vuelto Ale, el mejor defensor, que arrastraba esa lesión en el gemelo. Supuso que sería como siempre, jugaba un rato hasta que se le cargaba el músculo y la pantorrilla se le ponía como una piedra, luego tenía que salir. Esa vuelta no necesito reemplazo. Jugó todo el partido. Vino hablando maravillas de un huesero que había encontrado, medio masajista, medio curandero, de esos que no te cobran y tenés que dar a voluntad. Después habló de una mujer que trabajaba con él, que estaba para los imposibles, así fue como los describió. Pero la ocupación de la señora llamó mucho más la atención. Justamente en uno de los partidos de los jueves fue cuando se vió la herida. Era como una roncha en el tobillo, que le ardía con ganas.
... --Porque había algo que me decía mi viejo y sabés que tenía razón... porque el me decía, escucha lo que me decía...que cuando pasan las cosas, las cosas de verdad tenés 5 minutos para decidir, no te tomés más porque la vas a cagar... ahí te acobardas entendés?... ahí...y empezas a dar vueltas y la cabeza se enrosca, empezas a transpirar y te fruncís...te fruncís. --se levantó y caminó para el lado de la puerta. Tenía una mano en la cintura y con la otra señalaba a la nada mientras elaboraba el argumento y armaba la idea en el aire como dibujando las palabras. El otro miraba mientras fumaba despacio, saboreando el tabaco en el paladar, era una mañana fría.
--Yo me enteré esa tarde, me llamaron al laburo, era mi primo. No dió muchas vueltas. derecho viejo, fue al hueso. Mi familia nunca la quiso y no se la iban a perder...no me olvido más...--por un instante paró de moverse como si la frase a continuación dependiera de un momento de quietud absoluta mientras usaba las dos manos para moverlas al compás de la frase que venía.
--Juan... la Gloria te está cagando... así, seco --dijo y pegó el puño derecho sobre la palma izquierda. Cómo si una verdad absoluta se hubiera manifestado. --Pum! bommmba y la cabeza se me voló a la mierda. --dijo haciendo que las manos se le separaran de los costados de la cabeza en onda expansiva --Me fui directo a buscarla. Había agarrado un cuchillo en el camino, no me preguntes dónde, porque ya estaba en la cintura de golpe. Y arranqué...la fui a buscar a la casa. Porque veníamos con problemas viste? ella se había vuelto al departamento pero estaba todo cerca, todo muy fresco, porque si tan pronto se había olvidado de mí es porque antes ya andaba pensando en otros entendes? ya estaba en otra...
El otro se había prendido un nuevo cigarro y solo miraba hacia la puerta, jugando con sus llaves. A veces perdía el hilo del relato pero dejaba que el otro se descargue. No había manera de pararlo tampoco.
--Ya había tomado mí desición entendes? no podía parar. Eran los putos 5 minutos de siempre. Porque aunque después dudes ya sabés que la bola no se puede frenar. El ímpetu... el ímpetu, no podes perderlo. Estás en movimiento y frenar es la muerte, apagarse, entregarse a la situación. Rendirse entendés? es rendirse.
El otro ni lo miraba, añoraba la calle, salir, respirar y poco más, quizás un poco de silencio.
--Y cuando llegué creo que ahí tomé dimensión. Entré con las llaves que nunca le devolví. Y me encontré de frente con ella. Estaba en el balcón. Miraba para adentro. Ví que tenía los ojos llorosos y sentí que ahí estaba la confirmación. Ya estaba todo, no hacía falta más. La cosa es que su mirada me paralizó. No saqué el cuchillo, no la quise asustar pero ahí estaba. Con la cara desencajada. Con la mirada fija, esperando algo, algo que rompa la tensión. Ella me miró pero no mal...bien, tranquila. Como cuando sabes todo lo que va a pasar, viste esa mirada de calma profunda? como viendo una película otra vez y adivinando lo que van a hacer los actores. Bueno...eso, me desarmó.
--Julia pará...que vas a hacer?
Apenas entró sintió un fuerte olor a perro, como a pelo mojado pero más intenso, a animal encerrado. A heces viejas, a orina. Estaba acostumbrada a ese tipo de familias. Era mejor esa realidad que otras dónde faltaba también la empatía por los animales. Se sentó dónde pudo sin pensar demasiado en su pantalón de vestir nuevo. Le sonrió a la nena que jugaba en el piso percudido y grasiento. Quisiera haberla sentado con ella pero el sofá estaba lleno de ropa sin doblar y mantas dónde el olor era más potente todavía, entendió que estaba sentada en la cama de alguno, por ahí era un animal enfermo...
Apenas volvió la mamá, empezó a escuchar que rasguñaban la puerta que parecía dar al patio interno. Arañaban con ansiedad como queriendo entrar.
—Parece que quiere entrar la mascota. —atinó a decir la mujer para entrar en confianza. La mejor miró para el fondo y simplemente sonrió.
—Mascota?... ojalá... nosotros no tenemos mascotas.
—0600 cabo, fui clarito.
—disculpe mi sargento, tuvimos problemas para...
—yo le pedí excusas?
—disculpe señor
—reuna al grupo. Cancelado el desayuno. Hay que moverse.
Gómez se cuadró trabando la mandíbula. Estaba enojado pero clavó la mirada al frente sin vacilaciones. Una marcha de 10 hs con el estómago vacío era un día de mierda, todos lo sabían.
Cuando lo comunicó el grupo se quedó en silencio. Se miraron. El teniente estaba verde y creyeron que se amoldaría a ellos. Error de los grandes. Era un oficial con el ego más grande que ese paisaje, de esos que quieren mostrarse, demostrar algo, pero en la montaña no hay público ni aplausos.
Partieron cuando clareaba pero todavía el sol no había aparecido. Marcha mojada. Malestar y poco más.
fuego libre, fuego reunido sino se mantiene disciplina de fuego que solo se rompe por peligro inminente o sorpresa
—Gracias por recibirme profesor—dijo el joven al entrar al despacho.
—No suelo hacer excepciones señor González pero tengo que admitir que me intrigó la manera que tuvo de abordar el tema. Tome asiento.
—Jorge, me llamo Jorge.
—Encantado Jorge,