martes, 7 de julio de 2026

La mano seca

 concept

hombre que llega hasta una casa humilde después de un largo viaje por el conurbano para pedir algo, es como una bruja, y le avisa que si quiere pedirle a esta entidad específica no acepta promesas, debe dar algo propio, algo húmedo, algo visceral, los dedos de su mano uno por uno, cuando se decide pasa a una habitación oscura con un espiral de carbón dibujado en la pared. 

Había algo mal con esa casa. 

No lo podía precisar pero era una sensación que lo acompañó desde que se paró en la puerta destartalada de una casilla tan precaria que dudó sinceramente de que allí viviera alguien que se dedicara a esas artes. Que alguien viviera meramente. El barrio estaba a tono, y podía jurar que lo seguían desde que se bajó del colectivo en la ruta, pero cuando estaba llegando a destino, los que escuchaba detrás de él murmurando y acercándose entre risotadas, habían dejado de oírse, parecían haber doblado y se alejaban ya sin risas y comentarios mucho menos animados. Al llegar a esa esquina ya estaba solo. El espectáculo era por lo menos, desolador. Apenas iluminada con un foco tenue que colgaba de un cable que bajaba desde alguna conexión incierta, estaba ese rancho. Dentro estaba el hombre de los masajes y "la señora que sabe"

No sabía a ciencia cierta que podía significar ese título. Pero así se lo habían señalado.

Fue raro como se dió todo. Fue en un jueves de fútbol que se coló el dato. Había vuelto Ale, el mejor defensor, que arrastraba esa lesión en el gemelo. Supuso que sería como siempre, jugaba un rato hasta que se le cargaba el músculo y la pantorrilla se le ponía como una piedra, luego tenía que salir. Esa vuelta no necesito reemplazo. Jugó todo el partido. Vino hablando maravillas de un huesero que había encontrado, medio masajista, medio curandero, de esos que no te cobran y tenés que dar a voluntad. Después habló de una mujer que trabajaba con él, que estaba para los imposibles, así fue como los describió. Pero la ocupación de la señora llamó mucho más la atención. Justamente en uno de los partidos de los jueves fue cuando se vió la herida. Era como una roncha en el tobillo, que le ardía con ganas.

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