Apenas entró sintió un fuerte olor como a pelo de perro mojado pero más intenso, como a animal encerrado. A heces viejas, a orina. Estaba acostumbrada a ese tipo de familias. Era mejor esa realidad que otras dónde faltaba también la empatía por los animales. Se sentó dónde pudo sin pensar demasiado en su pantalón de vestir nuevo. Le sonrió a la nena que jugaba en el piso percudido y grasiento. Quisiera haberla sentado con ella pero el sofá estaba lleno de ropa sin doblar y mantas dónde el olor era más potente todavía, por ahí era un animal enfermo...
Apenas volvió la mamá, empezó a escuchar que rasguñaban la puerta que parecía dar al patio interno. Arañaban con ansiedad como queriendo entrar.
—Parece que quiere entrar la mascota. —atinó a decir la mujer para entrar en confianza. La mejor miró para el fondo y simplemente sonrió.
—Mascota?... ojalá... nosotros no tenemos mascotas.
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