domingo, 21 de abril de 2024

Duelo

 

Se miraron fijo mientras el de saco gris jugaba con el vaso donde se había servido un buen whisky de 12 años. Metió un dedo y revolvió discretamente los cubos de hielo. Las miradas no se soltaban, parecían bailar sin música pero conociendo una íntima coreografía. El otro no había tocado su bebida. Estaba tenso y aunque tenía las manos sobre la mesa rozaba disimuladamente la culata de su revólver con el codo derecho. Solo eso lo calmaba, la cercanía del arma era casi un amuleto.

Uno parecía más relajado, casi sobrando la situación y se daba el lujo de tomar cada tanto un sorbo y hablar de las bondades de su bebida, de la diferencia entre whisky y whiskey según dónde se elaboraba y de como en USA se llamaba Bourbon y se hacía generalmente en Kentucky.

El otro asentía, de pulcra camisa negra, sin registrar la información, pendiente de lo que hacían esas manos y de cualquier movimiento que pudiera resultar amenazante.

Uno venía a negociar una posible tregua después de invadir su territorio a sangre y fuego liquidando a varios de los suyos en el proceso. El otro había perdido demasiado en el proceso, al estar por años en guerra con las bandas vecinas, tanto que un nuevo jugador se le había colado bajo sus narices y amenazaba con partir su área en dos y dejarlo sin los asentamientos cercanos a las vías. 

—Creo que es hora Guzmán de que tenga un socio. Los dos sabemos que no puede aguantar a los Alemanes, y el guacho ese Walter ya se ganó la venta de la estación.    

—¿Para eso me citaron acá? es un lugar demasiado caro como para venir a escuchar mentiras y exageraciones.

El de gris sonrió y siguió jugando con su bebida.

—...en realidad no deberían ponerle hielo. La temperatura ambiente le permite desarrollar al máximo los aromas...

—No me está contestando... 

—Pasa que es importante, como esto se hace en las islas británicas— dijo alzando levemente el vaso — y son normales ciertas temperaturas, hay que replicar esos 16...18 grados ambientes. He ahí el dilema de como lograr esas condiciones.

—No tengo problema en ir a la guerra con tu jefe querido. No voy a regalarle la zona, llevo años trabajándola.

El de saco gris alzó los hombros mientras miraba su trago a trasluz. 

—Estoy tratando de educarlo. La cultura alcohólica se está perdiendo y eso es una tragedia. Si no sabemos cómo beber, mañana no sabremos como comer, o cómo hacer el amor.

—¿Y si mejor le explico a los tuyos como recibir una bala?

—No niego que esa sería información de suma utilidad pero esa situación es hipotética, yo le estoy enseñando algo que usted puede usar hoy cuando llegue a su casa, seguramente tenga alguna botella de respetable manufactura en la que pueda aplicar la información brindada, ya no sería el caso mañana porque seguramente usted se niegue a la oferta que le traigo y tenga que ser visitado por la gente que en este momento está vigilando su domicilio, su familia, esposa e hijas, hasta a su perro que hace una hora fue paseado en la plaza a 300 mts de allí...por cierto, dígale a su hija mayor que debe levantar las deposiciones de Roma, su terrier de dos años, o podría ser multada.

—¿Quién carajo te crees para amenazar a mi...—dijo levantándose lentamente pero la imagen de un celular le mató el ímpetu. El del saco gris le mostraba la pantalla de su celular. Era la puerta de un depósito. Lo reconoció de inmediato. El negocio de su mujer, el vivero. Era el patio trasero, dónde entregaban mercadería los proveedores. Todavía había luz, sería la tarde y un hombre estacionaba su camioneta de reparto bajaba y justo detrás aparecía Carmen, su esposa para darle un beso apasionado y sonreirle. La palidez le ganó el rostro y el de camisa negra empezó a sentarse lentamente. Ya no era el acceso de cólera lo que lo dominaba pero la mirada se le enfriaba mientras se cocinaba el odio.   

—Si vamos a ser socios tenemos que ayudarnos...y yo sé que esto era el tema que lo tiene desenfocado Guzmán. Así que me permití hacer un pequeño arreglo. ¿Quiere que le cuente?...

La mirada del de camisa negra fue una invitación a proseguir.

—No podemos mostrar debilidad, pero tampoco podemos olvidar a los afectos, hay que mantener separadas las cosas mientras se pueda, los dos somos hombres de familia. Sé lo difícil que es pero este hombre buscó por mucho tiempo acercarse a ella. Se conocen desde que eran jóvenes. Y él es alguien de quién ella nunca le hablaría. El único hombre que le puede arrebatar el amor de su vida Guzmán, y sabemos que se acercó a ella por interés...necesita dinero. —dijo y le clavó la mirada mientras saboreaba su bebida Ese no es un hombre, es un miserable que se irá apenas tenga lo que pretende obtener de ella. Ella le ha transferido esta semana una cantidad considerable para que el rescate su negocio. Ella cree que escaparan juntos...pero él ya mandó todo el dinero a Uruguay y se va pronto. 

—Voy a matar a ese hijo de puta!

—Guzmán... por favor, pruebe al menos el trago, honre su bebida. Ya hice los arreglos.

—y vos quién sos para venir acá a mostrarme esto? quién te mandó? —ya era el antebrazo el que rozaba la culata de la semiautomática. Estaba a punto de tomarla.

—No me manda nadie. Trabajé para Robles un tiempo, pero se me nota la clase. En seguida quiso sacarme del medio. Bajarme. Es muy inseguro el comisario. —dijo jugando con el vaso de whisky.

—Que arreglos hiciste?...habla o te juro que...

El de gris sonrió. Alzó su trago y brindó.

—Por la parejas que se vuelven a encontrar.

El de negro miró a su alrededor y especuló en cuantos de los comensales eran gente de Robles, esperando cocinarlo apenas saliera. o que se equivocara ahí mismo. Lo que quedaba era decidir cómo quería que fuera su final.

—No hay nadie acá, mi amigo, si es eso lo que está pensando. Somos dos caballeros. Dije que venía solo y he cumplido aclaró el de gris mientras leía su lenguaje corporal y su furia. —No necesito más que un buen trago y las palabras para entendernos. Tengo los pasajes, los registros bancarios y un oficio de embargo judicial a nombre de él. Todo en este sobre —dijo y tiró un rectángulo de papel marrón sobre la mesa. Luego puso otro igual del otro extremo. 

—Acá están las pruebas que pueden mandar al hoyo al comisario Robles. Su principal competidor. Tengo toda la red intervenida. Desde escuchas hasta testigos encubiertos. Pero él tiene sus contactos políticos y si lo dejamos maniobrar puede llegar a zafarse. —dijo y en un pase de prestidigitador onduló sus dedos hasta hacer aparecer una bala. La puso en medio. Una sola, brillante en su envoltura marrón metálico. 




 

lunes, 1 de abril de 2024

¿Dónde empiezan los finales?

 

¿Cómo saberlo?

Solo quiero parar mi cabeza. La decepción del vértigo de las cosas vueltas inercia cuando se acaba el empuje me aturde.

Los espejos ya no invitan a mirarnos juntos sino que reflejan seres otra vez por separado. Tampoco compartimos ese espacio de las fotos que tanto nos gustaba tomarnos juntos. Se han vuelto amarillas. Postales de algún lugar en el que vivimos en otra época, un lugar al que no estamos seguros de saber volver.

Como ese jarrón que rompimos en casa una vez ¿te acordás? Era un regalo de tu mamá así que intentamos repararlo pero no era posible. Yo para animarte lo sostuve frente a vos procurando que las partes se mantuvieran unidas.

—¿Ves que no pasó nada? —te dije para que no te sintieras mal pero dependía de mis manos que las partes siguieran unidas.

¿Cuántas veces sostuvimos lo que estaba roto para que el otro se tranquilizara? Sabiendo que lo dañado podía con esfuerzo recuperar su apariencia pero ya no podría contener nada.

Bailamos sin música solo porque conocemos la coreografía, repetimos los pasos imaginando melodías pero la canción ya no habla de nosotros amor...y duele el silencio en esta pista de baile. Oímos que duele.

Si pudiera ahorrarnos el dolor de lo que viene. Si hubiera manera iría a buscarla donde fuere. Aún si la receta magistral estuviera enterrada en alguna montaña lejana me verías preparar mi mochila, el calzado y salir temprano. Pero pronto entiendo que no hay nada que escalar y lejos de subir en este camino tocara descender.

Volvemos a aquellos viejos miedos que conjuramos juntos y ahora, cada vez más lejos el uno del otro, apenas nos basta la magia para soportarlos en el día. Y no hay lugar para el odio, pero si campa a sus anchas el temor. Por aquella puerta que se cierra a nuestras espaldas y nos deja fuera. Se cierran tantos años de refugio. Y volver a conocer el frío, y volver a visitar el miedo. Tiritando a la intemperie porque se nos apagó el fuego.

Si tuviera que alejarme de todo aquello que siento no llegaré a ninguna parte. debo llevármelo a cuestas. Mi parte de aquella carga. Pesará, dolerá, y lo sé. Porque lo importante duele y no se puede quitar sin arrancarlo y arrancado es cuando en realidad se muere.

Porque si algo me has amado ahora me tocará dolerte. Y sabré que te asustaras de noche y esperaras en vela el alba. Y yo atravesaré la nochey cerraré los ojos a la claridad del día, para dejarte la luz mientras transito a tientas un destino.

y yo que pensaba que amar es lo más intenso que había vivido. y aquí sentado, escribiendo el epitafio de lo nuestro me pregunto...¿cuánto más me costará el olvido?


Se secó una lágrima furtiva y volvió a mirar la carta. como tantas veces la había visto. Desistió de ponerle fecha como siempre. La había arrugado tantas veces, en tantas hojas distintas para volverla un bollo apretado en su puño, y sin embargo volvía a ser escrita, volvía a contener casi las mismas palabras, casi los mismos dolores, y sus miedos.

Caminó hasta la puerta de la habitación. Ella seguro dormiría así que entraría despacio mientras la carta se volvía un bollo apretado en su puño como siempre. cambiaría su gesto adusto por una sonrisa gastada como siempre.

Entornó lentamente la puerta porque todo era silencio y la vio sentada en la cama, absorta, y volvió a amarla como siempre lo hacía. Porque a veces robaba el mundo de antes que había quedado tan distante, donde como un polizón, todavía podía visitarla, al menos por un rato.

Trató de no hacer ruido porque la notó concentrada en algo. Le gustaba observarla un rato antes de que note su presencia. Descubrirla de nuevo, saboreando el momento. Sólo entonces descubrió el motivo de su desvelo.

Hay lágrimas en sus ojos mientras escribe una carta.