¿Cómo saberlo?
Solo quiero parar mi cabeza. La decepción del vértigo de las cosas vueltas inercia cuando se acaba el empuje me aturde.
Los espejos ya no invitan a mirarnos juntos sino que reflejan seres otra vez por separado. Tampoco compartimos ese espacio de las fotos que tanto nos gustaba tomarnos juntos. Se han vuelto amarillas. Postales de algún lugar en el que vivimos en otra época, un lugar al que no estamos seguros de saber volver.
Como ese jarrón que rompimos en casa una vez ¿te acordás? Era un regalo de tu mamá así que intentamos repararlo pero no era posible. Yo para animarte lo sostuve frente a vos procurando que las partes se mantuvieran unidas.
—¿Ves que no pasó nada? —te dije para que no te sintieras mal pero dependía de mis manos que las partes siguieran unidas.
¿Cuántas veces sostuvimos lo que estaba roto para que el otro se tranquilizara? Sabiendo que lo dañado podía con esfuerzo recuperar su apariencia pero ya no podría contener nada.
Bailamos sin música solo porque conocemos la coreografía, repetimos los pasos imaginando melodías pero la canción ya no habla de nosotros amor...y duele el silencio en esta pista de baile. Oímos que duele.
Si pudiera ahorrarnos el dolor de lo que viene. Si hubiera manera iría a buscarla donde fuere. Aún si la receta magistral estuviera enterrada en alguna montaña lejana me verías preparar mi mochila, el calzado y salir temprano. Pero pronto entiendo que no hay nada que escalar y lejos de subir en este camino tocara descender.
Volvemos a aquellos viejos miedos que conjuramos juntos y ahora, cada vez más lejos el uno del otro, apenas nos basta la magia para soportarlos en el día. Y no hay lugar para el odio, pero si campa a sus anchas el temor. Por aquella puerta que se cierra a nuestras espaldas y nos deja fuera. Se cierran tantos años de refugio. Y volver a conocer el frío, y volver a visitar el miedo. Tiritando a la intemperie porque se nos apagó el fuego.
Si tuviera que alejarme de todo aquello que siento no llegaré a ninguna parte. debo llevármelo a cuestas. Mi parte de aquella carga. Pesará, dolerá, y lo sé. Porque lo importante duele y no se puede quitar sin arrancarlo y arrancado es cuando en realidad se muere.
Porque si algo me has amado ahora me tocará dolerte. Y sabré que te asustaras de noche y esperaras en vela el alba. Y yo atravesaré la nochey cerraré los ojos a la claridad del día, para dejarte la luz mientras transito a tientas un destino.
y yo que pensaba que amar es lo más intenso que había vivido. y aquí sentado, escribiendo el epitafio de lo nuestro me pregunto...¿cuánto más me costará el olvido?
Se secó una lágrima furtiva y volvió a mirar la carta. como tantas veces la había visto. Desistió de ponerle fecha como siempre. La había arrugado tantas veces, en tantas hojas distintas para volverla un bollo apretado en su puño, y sin embargo volvía a ser escrita, volvía a contener casi las mismas palabras, casi los mismos dolores, y sus miedos.
Caminó hasta la puerta de la habitación. Ella seguro dormiría así que entraría despacio mientras la carta se volvía un bollo apretado en su puño como siempre. cambiaría su gesto adusto por una sonrisa gastada como siempre.
Entornó lentamente la puerta porque todo era silencio y la vio sentada en la cama, absorta, y volvió a amarla como siempre lo hacía. Porque a veces robaba el mundo de antes que había quedado tan distante, donde como un polizón, todavía podía visitarla, al menos por un rato.
Trató de no hacer ruido porque la notó concentrada en algo. Le gustaba observarla un rato antes de que note su presencia. Descubrirla de nuevo, saboreando el momento. Sólo entonces descubrió el motivo de su desvelo.
Hay lágrimas en sus ojos mientras escribe una carta.
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