─Doctor, no encuentro al paciente de la 402.
La enfermera era jóven, menuda, casi bonita, con una de esas caras de angustia velada, propia de quién
se ve ciertamente en la calle por un error propio pero que insiste en mantener la compostura.
─¿Otra vez?...ya veo, arrancó la noche. Avise a seguridad para que revisen las cámaras, no creo
que haya ido lejos, pero que empiecen la búsqueda urgente. Usted ya los conoce, hasta que el
encargado no modula no se mueven de los puestos
El doctor Alejo Márquez se fue directo al ascensor para no perder tiempo. No era joven pero todavía no
había hecho suficiente trayecto como para librarse de esas guardias nocturnas. Debía haber ser una noche
tranquila. Pero en su oficio desear demasiado eso puede generar lo contrario. Una especie de ley
tácita en la profesión. Apenas empezada la primavera tenía la mitad de las camas ocupadas pero no tenía
casos demasiado complejos entre manos. Algunos cuadros respiratorios por el cambio de estación y un
par de postquirúrgicos, poco más.
Y después estaba el de la 402.
Recién salido de un coma prolongado, cuando recién significa algunos prudenciales días de control
y con una terapia intensiva que buscaba pasarlo a piso con algo de apuro, quizás para liberar la cama
simplemente. O quién sabe. No era una especialidad muy volcada a compartir información fuera de
su área.
─"No hay criterio" ─repetían sin cesar.
402 pasó al sector clínico un domingo por la tarde sin demasiado protocolo. Pero todavía nadie se había
propuesto darle seguimiento efectivo. Nadie decidía como continuar su rehabilitación
Y después estaba el incidente.
La madrugada del lunes lo encontraron vagando por el hospital como si se hubiera levantado recién de la
siesta. Golpeaba una máquina de refrigerios para intentar conseguirse una bebida. Tenía sed y no
encontraba la cocina, al menos ese fue su argumento.
─¡Me están matando de sed, hace mucho calor! ─gritaba cuando lo sujetaron un par de enfermeros.
Cuando lograron que se calme, un camillero lo devolvió en silla de ruedas a su habitación. La serie de
estudios y chequeos comenzó su ronda como siempre. Todos los valores parecían normales, el paciente
parecía estar bastante bien luego del coma, pero algo no andaba bien.
Las enfermeras se rehusaban a estar demasiado tiempo en contacto con él. Los médicos de los
turnos anteriores si bien no encontraron trastornos físicos, algo de por si extraño después de estar
postrado largo tiempo, no querían interrogarlo demasiado, "no tiene las respuestas usuales" anotó uno en
la historia clínica sin que nadie supiera a qué se refería.
Una neuróloga tenía que revisarlo esa semana con la posibilidad de pasarlo a salud mental
si no encontraban alguna pista sobre su estado. Todos querían esa salida elegante. Solía pasar con los
casos que se ganaban el mote de "paciente complicado".
Alejo Márquez no estaba de acuerdo. Si había que ponerle una etiqueta sería perturbado simplemente.
Algo lógico debido a las secuelas del tremendo accidente de tránsito en el que había perdido a su familia.
De alguna manera salió del metal retorcido de lo que supo ser su auto. Ni su esposa ni su hija corrieron la
misma suerte que él. Tampoco podía confiar demasiado en esa amnesia que refería el paciente. Mostraba
comportamientos que hacían entender que estaba en sus cabales y lidiando con su pérdida.
Accesos de llanto y luego extrema pasividad, también ataques de pánico. Ya habían pasado algunos días
desde su despertar y un par de semanas del accidente. Era el momento de asistirlo psicológicamente.
Márquez salió del ascensor y la jefa de enfermería ya estaba apostada en el pasillo dispuesta a hacer valer
su criterio.
─Ya les dije que este hombre tenía que estar sedado, no podemos hacernos cargo de algo así.
─Te entiendo Marta pero dejame verlo con la jefatura. Tiene una interconsulta pendiente.
─Acá nos tiran cualquier cosa con tal de no hacerse cargo...¿y si le hace algo a las chicas?
─¿Mostró comportamiento agresivo? ─interrogó el doctor para tratar de moderar los ánimos.
─Todavía no...todavía.
─Primero hay que encontrarlo, después charlamos lo demás ¿te parece?
─Ya envié el informe ─contestó la veterana enfermera con una mirada fría y se fue rumbo al ascensor.
Se notaba que las quejas de su plantel eran más que casos aislados o no habría ido a enfrentarlo.
Mucho menos informar algo a jefatura.
La puerta de la habitación estaba entreabierta así que la empujó con cuidado y contempló la situación
como lo haría un policía con la escena de un crimen.
La ropa de cama estaba en el piso, un revoltijo de sábanas y frazadas, también elementos de higiene,
hasta un camisolín quirúrgico. Todo el contenido del armario o de la mesa de luz, absolutamente todo.
Márquez rogó que no anduviera desnudo por el hospital o no tendría más remedio que darle la razón
a la supervisora.
Avanzó cuidando los pasos, empujando ropa de cama del suelo con la punta de los zapatos mientras permanecía atento al espacio debajo del camastro. Echó una mirada al armarito donde se guardaban los efectos personales, alto pero estrecho. Estaba vacío. Seguía mirando en dirección a la cama esperando ver si debajo o del otro extremo, junto a la pared, se avizoraba el fugitivo.
Una mano lo tomó del cuello y lo hizo sobresaltar. No llego desde atrás, por donde había entrado sino desde arriba. El grito fue inevitable y el salto instintivo lo hizo ponerse de espaldas a la pared. La cantidad de cosas desparramadas casi hace que termine de cara en el suelo. Un brazo largo y flaco venía desde lo alto del mueble donde se guardaba la ropa de cama. Unos ojos enrojecidos y desencajados estaban fijos en él.
─Tenga cuidado con el suelo doc.
Con la respiración entrecortada pero tranquilo de saber que su paciente no andaba correteando desnudo por los pasillos recuperó la compostura y se puso a recoger todo lo que estaba en el suelo. Lo guardó como pudo para despejar el paso.
─¿Por qué me asusta así López? encima me desordena toda la habitación para que las enfermeras se quejen ─contestó fingiendo aplomo.
─Estuve mal doc, ya sé...pero me andan buscando, me andan buscando, me ven desde el suelo ─dijo señalando hacia donde el doctor estaba parado. ─Desde abajo doc, desde abajo.
─¿Y quién te busca López? contame así lo peleamos entre los dos ─replicó el médico mientras se hacía la idea de llamar a psiquiatría.
─Andan buscándome las dos, ya las ví doc, creamé.
El doctor Márquez no sabía cuanto recordaba López del accidente, si es que era capaz de recordar muchos detalles. O si era al revés y era presa de las imágenes que habían pasado ante sus ojos. Quizás se sentía culpable de ser el único sobreviviente. En todo caso era algo que tenían que averiguar otros, el tenía que limitarse a controlarlo hasta que alguien se dignara tomar el caso.
─Contame si querés pero bajate de ahí que te podés caer y te tenemos que llevar de nuevo a terapia.
─¡No doc, por favor! no me duerman otra vez. No me duerman otra vez que no me puedo defender.
Márquez lo ayudó a bajar con algo de dificultad y lo llevó a la cama. Estaba claro que el stress postraumático había entrado en escena así que había que lograr que su paciente se dejara medicar.
─Charlamos un poco y te doy una pastilla para relajarte ─y se apuró a levantar el índice antes de que López se agitara. ─¡Sin dormirte...sin dormirte!
El paciente suspiró y fue apoyando la cabeza en la almohada mientras hablaba mirando a la nada.
─Yo no tuve opción doc, no podía hacer otra cosa. Volvíamos de la casa de mi suegra. Como siempre peleando con mi mujer en el auto, venía rápido, bastante, me acuerdo clarito. No ví la curva, se me vino encima de golpe y es como que el auto quedó en el aire. Como que todo flota. Las cosas pasan en cámara lenta ¿vió? mi mujer se agarró de donde pudo pero no tenía el cinturón puesto, se lo había sacado para acomodar a mi hija atrás que venía durmiendo, creo que la nena tampoco estaba atada. Solo yo doc, solo yo.
Márquez asintió con la cabeza. No se le ocurría que decir en esos casos. En casi ninguno. Toda una vida metido dentro de un aula o un consultorio no deja una huella de gran humanidad. A veces se daba cuenta de que la empatía le era algo ajeno o distante. No sabría como ponerse en la piel de ese pobre hombre.
─Me desperté doc y veía naranja, todo naranja. Había fuego. Mucho humo también. Miré a mi lado y mi mujer estaba con la cara hacia la ventanilla, toda con sangre y me asusté, me asusté mucho doc, mi hija no se veía, estiré la mano pero no la tocaba, no la tocaba, no la encontré y el calor en las piernas, sentía mucho calor en las piernas, se me venía el fuego y...me fuí doc...yo me fuí, me escapé, no me quería quemar doc, no no no quería quemarme...
Márquez le puso la mano en el hombro para tratar de calmarlo, había empezado a hiperventilar, completamente agitado. López se sentó de golpe en la cama y lo miró sin parpadear como si reviviera todo de una vez.
─Estaban gritando ─dijo en voz baja casi como si fuera una confesión, mientras lo miraba fijo. ─Estaban gritando doc...y yo miré atrás y era todo fuego y yo corrí...corrí... pero no corrí hacia el auto...yo me fui, corrí pensando en el fuego, pensé que los autos explotaban ¿me entiende? como en las películas y yo, yo no sé, no sé que pensé...no pensé...no me quería quemar...no me quería quemar ─repetía como si de eso dependiera su absolución.
El doctor le sostuvo la mirada y no pudo evitar sentirse conmovido. Era incapaz de decir nada. Nada. Estaba en blanco, tratando de procesar la información. Igualmente lo volvió a recostar.
─¿Seguro que no querés dormir un poco? despierto o dormido va a ser lo mismo, no sé que más decirte. Nada nos prepara para un momento así. Nadie puede juzgarte Damián ─lo nombró recordando su nombre de pila de la historia clínica. ─El auto estaba destrozado.
─Las dejé doc...las abandoné. Y ellas lo supieron. Eso fue lo peor. Mi mujer me decía de todo, me puteaba entre el fuego y mi hija...mi hijita...las llamas ─remarcó tomando aliento ─ella gritaba, lloraba, pero llamando a su mamá. No me llamaba a mí doc, era como si no esperara nada de mí. Nada. ─Las lágrimas se apuraron a cruzarle la cara mientras sus ojos se negaban a parpadear ─Cuando reaccioné y volví ya sabía que era tarde. Se escuchaban las sirenas a lo lejos. Seguro alguien llamó. No sé. Y entonces las ví doc, abrazadas en el fuego...las ví, ya casi no tenían cara pero parecía que me miraban doc, me miraban, entonces me acosté en el suelo y creo que me desmayé.
El doctor sintió su celular vibrar en el bolsillo, pero no atinó a tomarlo. No podía siquiera tragar la saliva que tenía en la boca. Tenía uno de esos nudos que se hacen en la garganta. El aparato volvió a vibrar insistente. Seguro querían saber donde estaba, como siempre que necesitaban que haga las prescripciones por escrito. Se había olvidado de avisar que ya había encontrado a su paciente. Enseguida escribió un texto a la supervisora para ponerla al tanto y le pidió un calmante vía oral para la 402. "El paciente está lúcido y calmo" mintió.
La enfermera que le había avisado de la desaparición dio unos golpecitos a la puerta con una bandeja, traía la medicación y un poco de agua. Dejó todo en una mesita y salió sin decir palabra.
─Se acuerda doc ¿no? ─dijo tomándolo del brazo cuando le acercó la pastilla. ─No me duerma por favor, no me duerma...
Todo el miedo del mundo se concentraban en un par de ojos enrojecidos convertidos en un ruego.
─Tranquilo, tranquilo, no te duermo, es para relajar. ─Volvió a mentir el galeno.
─No me puedo defender doc, no me puedo defender ¿entiende? ─dijo y se subió el pantalón. Cuatro marcas oscuras asomaban en su pantorrilla a semejanza de largos dedos.
─¿Ahora me entiende?
Eran quemaduras. Largos surcos uniformes. Casi con certeza producto del accidente aunque parecieran heridas frescas. Quizás no las habían advertido y se habían infectado. La cuestión es que ahí estaban. Tendría que pedir antibióticos para evitar males mayores pero se los daría por suero apenas se durmiera. Igualmente tenía que confirmar eso con alguien de terapia intensiva, pero con diplomacia para que no sintieran que se los estaba acusando de algo. Dependía de lo que hubieran puesto en la historia clínica. Estuvo un rato mirando el teléfono de la oficina pensando en cómo preguntarles, había repasado la historia clínica y no encontró nada referido a heridas en miembros inferiores. Entendió que no había manera de que sonara bien la pregunta, casi un cuestionamiento.
Decidió esperar a las tres de la mañana, a esa hora muchos médicos y enfermeras bajaban a fumar al playón. Era más fácil pescar información ahí.
El resto de la noche se volvió pesada y monótona, las horas se empezaron a alargar pero el doctor Márquez se las ingenió como siempre para mantenerse activo. Hizo la recorrida habitual y revisó las evoluciones de sus pacientes. Confirmó con enfermería que el paciente López dormía profundamente gracias a la medicación. No podía apartar las imágenes que venían a su mente, demasiado vívidas, de todo aquello que le confesó. Era algo horrible que lo obligaba a pensar como podría reaccionar en un escenario semejante. Confiaba en su frialdad profesional pero en resumidas cuentas no sabía si tenía alguien o algo en el mundo que le hiciera desafiar el fuego o la fatalidad de una manera distinta a su paciente.
A las tres en punto bajó las escaleras pensando mientras se dirigía a fumar al estacionamiento. Estaba seguro de que encontraría gente de la terapia allí. Y no se equivocó. Era un grupito de tres, un médico y dos enfermeras pero a una la conocía de un tiempo antes, habían compartido turno alguna vez. Mucho antes de que ella ingresara al área cerrada. Se podía decir que habían tenido una de esas historias sentimentales de hospital. Fugaz pero intensa, como todo en la profesión.
Apenas le hizo un gesto pero ella lo entendió. Asintió con la cabeza y aunque se tomó unos minutos al rato estaban compartiendo un café en la máquina de planta baja.
─Hace rato que no te veo desaparecido.
─Difícil con tu nuevo puesto, en cualquier momento te veo supervisando Nora.
─No exageres, y decime que necesitas, que ya te veo venir.
─¿Tan evidente soy?
─Sos de vidrio, al menos para mí.
─No se si es un elogio o una queja.
─Dejalo en una apreciación personal, contame...
─El paciente de la 402. Damián López.
A Nora se le borró su media sonrisa habitual casi al instante. Podría haber jurado que vio temor en ella pero era imposible, había visto a esa mujer inmutable en situaciones de vida o muerte, trabajando con una frialdad absoluta. No le conocía puntos débiles.
─Ese tipo ─dijo solamente y sacó un cigarrillo mientras caminaban hacia afuera nuevamente para poder encenderlo. ─Sabía que iba a ser difícil, me puso tensa desde que entró a la UTI. Y mirá que a mí no me afecta casi nada.
─Eeeh...¿tan malo puede ser un tipo en coma? ¿Qué te puede hacer?
─Lo tenían en un box cerrado. Esos cuartuchos llenos de instrumental para los que van a estar un tiempo largo con ellos. No se podía saber cuanto le iba a durar el coma. Enseguida nos empezaron a decir que al tipo le pasaban cosas, cosas raras. Eso me contaba Juana. La conocía de cuando empecé en el hospital, buena mina, laburadora, había hecho la especialización de terapia y quería ir ahí pero solo tenían un puesto a la noche así que cuando se cambió me dejaron efectiva de día. Nunca me hubiera tocado ese paciente si no le hubiera cambiado una guardia a ella. La noche no era lo mío. Después de esa noche no me extrañó lo que hizo. Pidió licencia y se jubiló anticipadamente. Desde esa noche que la cubrí no volvió más.
─¿Me vas a decir que por un paciente se fue? ¿no es un poquito mucho?
Nora lo miró severa. Alejo decidió ser más medido con las acotaciones.
─El tipo estaba intubado y completamente sedado pero te juro que esa noche apagábamos la luz del box y al rato empezaba el show... los murmullos. Las voces. No se entendía lo que decían pero ese tipo a veces parecía hablar con voz de mujer. Obvio que se volvió una guardia de mierda, muy mal ambiente. Ellos me contaron que era seguido que pasaban cosas. Que Juana había empezado a soñar con ese tipo y ya estaba medio afectada. A mí me pasan de prepo a la noche en esa época, era solamente hasta conseguir reemplazo y acá me ves. Sigo a la noche. ─señaló con una mueca de fastidio.
─Pero no te pueden cambiar de turno así como así. Dijiste que la noche no era lo tuyo.
─Me ofrecieron más plata, Juana tenía más antigüedad, y nada, me la jugué, la necesidad tiene cara de hereje. ─dijo con un dejo de resignación ─Lo peor es que me lo adosaron a mí al tipo ese porque lo tenía ella y me volvió loca, literal. Loca. Te juro que lo dejaba en una posición, me daba vuelta para buscar la medicación y cuando volvía a verlo el tipo estaba con los ojos abiertos, desorbitados, en posiciones extrañas, completamente al revés, o boca abajo, cayéndose de la camilla. Sin un ruido o una queja, no sé. Llegó un momento en que no le apagábamos más la luz porque empezaban los problemas. Y lo tuvimos que atar a la camilla...y el lamento del tipo ─Revoleó los ojos mientras negaba con la cabeza ─eso era otra constante. Se quejaba aún estando en ese estado. Eso ya era raro, pero lo peor fue el día que escuchamos una especie de ruido, se llenó todo de un olor impresionante y el tipo apareció con el pecho todo quemado como si le hubieran pasado algo caliente.
─¿Cuatro marcas como si fueran dedos?
Nora lo miró fijo y pitó largo su cigarrillo cuando terminó de observarlo.
─No me sorprende que hasta vos te hayas enterado, este hospital está hecho para el chusmerío barato, pero casi me echan por eso. Y si, eran cuatro.
─No me lo contó nadie Nora. Lo ví
─Imposible. Para cuando salió de terapia ya estaban curadas.
─Esas no. Las de la pierna.
─Nunca tuvo lesiones en las piernas. A mi me tocaba higienizarlo. ─la mirada de la enfermera lo perforó ─bastante atención le puse al asunto como para no darme cuenta.
─¿Estás segura?
Nora lo volvió a mirar fijo y dió la última pitada.
─Sacatelo de encima, mandalo a psiquiatría o algo pero alejate. Ese tipo tiene algo, no se qué pero ese tipo tiene algo ¿me entendés? nos vemos ─dijo, lacónica y se fue a su sector. La mirada se le había vuelto severa de nuevo.
Márquez la vio irse y sonrió a la nada, negando con la cabeza. No quería creer que le hubiera dicho eso. No era muy amigo de las supersticiones, era mala mezcla en ese tipo de trabajo, tan técnico y racional. Le parecía inconcebible. Se puso las manos en los bolsillos del ambo y caminó despacio para tomar el ascensor todavía incrédulo. El celular volvió a agitarse en su bolsillo. Un mensaje de aviso vibraba furioso. Activó el teléfono para que la pantalla le mostrara que era tan urgente. Era del cuarto piso, de enfermería...
*Llamada perdida*
Llamó al ascensor y esperó como siempre que los de limpieza lo liberaran. Sabía que siempre se tomaban su tiempo los muchachos. Le parecía raro tanta insistencia en el teléfono, pero normalmente eran para pedirle que dejara por escrito lo que les prescribía a sus pacientes. Siempre olvidaba hacerlo. Si hubiera una urgencia lo habrían venido a buscar. No era difícil ubicarlo pensó tratando de convencerse. Volvió a mirar el celular y llamó en respuesta pero nadie atendió. Eso lo confundió más todavía. El ascensor seguía trabado en el cuarto piso y eso repentinamente empezó a ponerlo ansioso. Las palabras de Nora seguían golpeando en su cabeza, como queriendo entrar..."Ese tipo tiene algo, no se qué pero ese tipo tiene algo ¿me entendés?"
Una alarma de incendios se oyó lejana. No sabía si era el cuarto. Trató de no apurar conclusiones, empezar como todos a imaginar cosas pero de alguna manera recordó los ruegos de Damián López
"No me duerma doc...no me duerma."
Se encontró corriendo por las escaleras desesperado sin saber por qué. Quería llegar a la 402 y terminar con las fantasías que poblaban de golpe su cabeza. Apenas se asomó al pasillo del cuarto piso notó el humo flotando cerca el techo. Tomó un matafuegos y se acercó corriendo al único lugar que se le ocurría en ese momento, ya no dudaba en dirigirse a la habitación de López mientras le quitaba el seguro al extintor. No había manera de saber de dónde venía tanto humo pero no dudó en ningún momento en ir hacia allí. Apenas entró tropezó con algo y cayó de bruces en el suelo, enredado en sábanas y frazadas que tapizaban el suelo. El extintor hizo un ruido metálico cuando rebotó. Buscó desesperado las llamas apuntando con el matafuegos pero no lograba ver demasiado. La causa de su tropiezo estaba en la puerta, era la enfermera, desvanecida. Decidió que tenía que ocuparse de ella primero. Le chequeó el pulso y la sentó en el pasillo para alejarla del humo aunque no notara calor siquiera. Nada que justificara la escena. Abrió la ventana para que entrara algo de aire fresco y vio como la nube oscura empezaba a salir por el borde superior. No hizo falta mucho para que la habitación se despejara lo suficiente. No había fuego. Al menos no a la vista. Las cosas otra vez estaban por completo en el suelo y le llevó un rato volver a acomodarlas. No tuvo más opción que recogerlas para ver si debajo de todo eso se escondían algún rastro de las llamas. Solo en ese momento la vio, la única pista de lo que había pasado. Una gran mancha de hollín de forma circular se hallaba debajo de la cama. Márquez puso la mano y pudo sentir un calor que empezaba a desvanecerse en el piso de baldosas blancas. Levantó el colchón pero no tenía marca alguna. Estaba intacto. No tanto como su capacidad de comprensión ya que nada tenía sentido y eso lo tenía realmente confundido.
En el pasillo los gritos y las órdenes se multiplicaron. Varias enfermeras empezaban a llevar los demás pacientes a lugares más ventilados. Muchas cabezas se asomaron pero nadie se animó a entrar. Fue el médico el que salió con toda su perplejidad a cuestas. La supervisora lo miró fijo como esperando alguna explicación pero Alejo estaba lejos de poder dársela. La enfermera joven y menuda apenas había reaccionado, sentada en el suelo con los brazos cruzados. Tenía la cara pálida y una expresión de pánico. Tan agitada estaba que decidieron ingresarla en una habitación para que se recuperara. Mantenimiento clausuró la habitación 402 esa noche después de revisarla por completo. No había rastro de fuego. Sólo la mancha oscura de hollín que duró lo que tardaron en limpiar el piso. La supervisora insistía en que el paciente problemático en un brote de tipo psicótico generó un pequeño incendio y se escapó en la confusión. La verdad es que no había rastro de él. No se había llevado nada. Todo había quedado en la habitación. Nadie lo había visto irse ni se había cruzado con él. Ni en las cámaras ni la seguridad lo vieron. Todo resumido en cuatro letras. Fuga.
Las últimas horas de esa guardia estarían dominadas por los comentarios. Los rumores del escape. El incendio que no fue.
Nancy, la enfermera joven y menuda, era la última paciente que vería antes de terminar su turno. Márquez se aseguró de eso. Quería tener una última charla con ella antes del alta. Había algo que le inquietaba de Damián López
─¿Viste cómo se escapó? ¿saltó por la ventana?
─Había mucho humo doctor, no se veía nada. ─Sostenía ella desviando la mirada.
Márquez anotó un par de cosas en la historia clínica y esperó a que la otra enfermera se fuera a revisar los demás pacientes.
─¿Hay algo más que hayas visto y te olvidaste de contar?
Nancy se puso inquieta. Había insistido con irse a su casa. Era todo lo que quería. Alejo sospechaba que posiblemente no volviera, recordando a Juana, la amiga de Nora.
─Hagamos una cosa ─propuso el doctor. ─Vos contame lo que pasó que yo te firmo el alta ahora y te vas tranquila a tu casa. Después me arreglo con tu jefa.
El silencio reinó en la habitación como si fuera sagrado. Inquebrantable. Sin embargo la enfermera seguía conmovida como si algo más hubiera acontecido. Algo para lo que no encontraba las palabras. Márquez la miraba decidido a romper el secretismo. Le llevaba algo de experiencia y pensaba aprovecharla.
─Mirá que la intoxicación con monóxido de carbono es jodida, podríamos tener que hacer un par de estudios más para estar seguros...
─Estoy bien, la placa y el laboratorio me dieron bien. No se que quiere que le diga.
Márquez cerró la historia clínica y la dejó en la mesita de la habitación.
─Esto queda entre nosotros. Quiero entender, no acusarte Nancy... ¿si te digo que ya firmé que se fugó del hospital te quedás más tranquila?.
Alejo acercó una silla para no tener que hablar en voz alta. Ella sintió que no tenía escapatoria, ese hombre podía ser muy insistente así que suspiró y se acomodó en la cama cruzando los brazos.
─Ver no vi nada pero escuché. Había voces en la habitación. Escuché la voz de una nena. Me pareció raro. Lo habíamos medicado y estaba muy sedado. La 402 no tiene televisión, el paciente no tenía teléfono ni nada. Pero parecía como si hubiera alguien con él. Por eso fui a mirar.
─¿El humo cuando lo notaste?
─Cuando abrí, eso también fue raro. Tenía miedo de que le cerremos la puerta, no quería que lo hagamos por ninguna razón y de pronto tuve que hacer fuerza para abrirla. Era como si estuviera trabada con algo. Ahí me encontré con el humo.
─Vos encendiste la alarma?
─Ni se me ocurrió, me metí a buscar a ese hombre sin pensar. Estaba todo desparramado. Me desesperé, pero no estaba por ningún lado, busqué en el baño, en el roperito. En la cama tampoco. Me desesperé. Me agaché para poder respirar un poco y ahí ví algo, pero no estoy segura...
─¿Abajo de la cama?
Ella lo miró fijo.
─Había hollín en el suelo, abajo de la cama...yo lo ví Nancy. Si quemó algo fue ahí abajo.
─No sé si hizo algo doctor, no se que pasó...es como si se lo hubiera llevado el fuego. ─dijo y tragó espeso...─vi una mano bajo la cama doctor, una mano que me quería alcanzar. Como si me pidiera ayuda...me agarró pero me solté y me fui a la puerta. Me asusté doctor, me asusté y lo dejé ahí. Quise llamarlo a usted con el celular pero no podía ver nada, apretaba cualquier cosa, estaba mareada. Después me desmayé, supongo que por el humo.
─Nancy él se escapó. No importa lo que creíste ver, el se fue
La enfermera asintió sin agregar nada y miró hacia la ventana. No parecía convencida pero tampoco quería presentar argumentos. El doctor la siguió mirando tratando de ver que más podía sacarle. Ella se sintió vencida y se arremangó la manga del ambo mostrando cuatro marcas alargadas en su brazo mientras los ojos se le llenaban de lágrimas. A Márquez no le hizo falta revisarlas para saber qué eran. Ya las había visto.
─¿Me va a dejar ir?
Márquez pasó la guardia al médico de la mañana, obviando los detalles y soportando el dudoso sentido del humor de su compañero que se empeñaba en preguntar cuántos pacientes se le habían perdido durante la noche.
No podía olvidar la súplica en los ojos de la enfermera. Le recordaban dolorosamente a su paciente. Había conseguido su número de teléfono y pensaba llamarla más tarde. Eso ocupó su cabeza mientras se despidió de la seguridad del estacionamiento y manejó hasta su departamento, fue lo último en lo que pensó antes de tenderse en la cama. Sentía la cabeza embotada por el cansancio y por las imágenes que todavía le rondaban.
Ni siquiera se duchó como solía hacerlo, solo cayó en la boca abajo tratando de aquietar su cabeza. El sueño era tan seductor en ese momento que apenas buscó posición para empezar a relajarse. Apoyó el celular en la mesa de luz casi en un movimiento instintivo y se sacó los zapatos tirando del talón con el pie contrario. El olor a humo era lo único que no lo dejaba conciliar el sueño. No había reparado demasiado en lo penetrante que era. Apretó los ojos para no verse tentado en interrumpir su relajación. Quizás la ducha fuera un paso que no podía obviar aunque quisiera pero le faltaba valor para encaminarse al baño.
Apenas dormitó pero algo lo hacía debatir entre la vigilia y el sueño. Algo lo mantenía intranquilo. Entreabrió los ojos sobresaltado y confuso. Un acceso de tos y una respiración pastosa provocaron que su sueño acabara de golpe. Solo para darse cuenta de que apenas podía ver algo. El olor a quemado, sin ser del todo desagradable ya que le supo a carne tirada a la plancha que tanto solía cocinarse, a volutas de humo y quién sabe que más inundó sus fosas nasales haciéndole sacudir la cabeza. Todo se había vuelto presente de golpe como si siempre hubiera estado ahí. Sintió el calor inicial en la pierna multiplicarse y volverse un grito ahogado casi al instante. El dolor de mil lenguas candentes lo obligó a incorporarse, o al menos a intentarlo, mientras llegaba el sobresalto de unos ojos grises y acuosos que lo observaban desde el borde de la cama, sus calvas humeantes ansiosas de botín se relamían mostrando ennegrecidos dientes que el humo envolvía en una silenciosa danza. Sin embargo, una de las calvas cabezas ennegrecidas le pareció familiar.
─Le dije que no me duerma.


