domingo, 16 de febrero de 2020
Canción para dos espadas (en produccion)
Olafur había sido siempre la mejor espada del fallido reino. El gran derrotado aquella tarde. Esa en la que había caido la potencia militar de la península. Todo sucedió en las colinas de Durma aquel verano cuando una nueva invasión de los reinos libres llegó para terminar con la amenaza perpetua que significaba el rey tuerto y sus guerreros. Porque aquella única vez las mejores espadas que conociera la región no pudieron echar al enemigo de sus costas y se vieron obligados a luchar a las puertas del mismo castillo del rey. Y fueron vencidas.
Aquel reino, de invencible acero y brutales formas, cayó derrotado frente a los que siempre habían considerado simples campesinos. Y quizás lo fueran, pero habían hecho algo distinto aquella vez. Habían reclutado a un guerrero del oro. Un mercenario. Su nombre era Nayem, y fue leyenda.
No había suficiente oro para reclutar a muchos, solo a un puñado y entre ellos a este misterioso guerrero. Uno al que le solo le interesaba saber quién era la mejor espada del enemigo.
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