martes, 9 de octubre de 2018

Caminata lunar (en producción)




Bitácora de vuelo N° 735

«Control, me encuentro en el cuadrante primero de la galaxia Pedorria…si control, espacio exterior.»
 
Saliendo de casa sin plan definido. Es la naturaleza de cualquier fuga, se prioriza la libertad de los cuerpos por sobre el destino de los mismos. Y en base a esa premisa enumeré una escasa cantidad de destinos posibles que se ajustaban a los magros fondos de la tarjeta SUBE, el resultado no era alentador. Pero si había que escaparse del presidio, era cuestión de estar dispuesto a la improvisación, después recordó que los escapes se planeaban milimétricamente, después se refutó argumentando que lo que se planea es la fuga en sí, que no se tiene control más que de lo que se conoce, que en este caso era la prisión materna. Después se aburrió y se puso a escuchar música en el celular. Reproductor de música – Playlist – música reciente – Fugazi…Wainting room…play…
El mundo tomaba color con un poco de bajos saturados, voces desgarradas y guitarras distorsionadas, al menos para él. Había que definir un itinerario lógico. Lo primero que saltaba a su cabeza era visitarla a ella. Si…ella…¿ nombre? Implacable carcelera que trastorna mis días…o en su defecto Leonella. Siempre resistía ese primer impulso, se había prometido no ponerla primero en la lista. Era claro que le movía el piso pero una buena dosis de negación mantenía las cosas en ese limbo donde viven los boludos no correspondidos. Era molesto escuchar la voz del inestimable Quique diciéndole “¿No te cansás de ser el intendente de la Friendzone?” (Gordo forro)
El icono del Wathsapp me provocaba…maldito globito verde, mil veces maldito, ¿cómo? ¿Qué queres que te apreté?...es demasiado temprano para caer en ti…Chats – escribir nuevo – “Hola Leo, qué onda? Por dónde vas a andar hoy?...
Calma gente, Todavía no lo mandé, estoy sopesando el mensaje…ah me había olvidado, hoy la palabra clave es sopesar, la escuché en un capítulo de esas series de detectives forenses…para mí no habían sopesado un carajo porque fueron detrás del sospechoso equivocado pero bueh, la culpa era del guionista.
Sopesemos.
Me siento Bart cuando Lisa le enseña a concentrarse…esto no está funcionando, esto no está funcionando…
Supongamos que no tengo ganas de verla, mentira, pero supongamos…
El gordo suele trasnochar enviciado con sus juegos de rol y sus FPS, ergo, no va a despertarse temprano, y si fuerzo la situación me termino fumando a la madre toda la mañana mientras él hace como que se levanta cuando todos sabemos que es mentira. Hace un poco de ruido, y así la madre me usa de hijo por un rato por la falta acuciante de afecto (acuciante puede ser una palabra a recordar para aprender en futuros encuentros mis queridos niños) Era espacio vedado para su madre,  ella le gritaba desde el descanso de la escalera
─Bebé…vino tu amigo, levantate mi amor…
Nunca había contestación. Sólo ruidos a persona deambulando, tirando cosas como un Kink Kong de barrio. Esa era la señal para que la señora dejara de usar expresiones tan cariñosas como humillantes para el bebé de 32 años que cohabitaba con la dama en cuestión. Ella me arqueaba las cejas con resignación y me ofrecía cordialmente
─ ¿querés unos matecitos?...
─ No se moleste señora ─ le contestaba siempre tratando de zafar de lo inevitable…─ Ay vos…siempre tan tímido, dale que traje el pan calentito ─me decía con una sonrisa que uno no se atrevía a borrar…(eh…que miran así?…acabo de salir del planeta maldito de mamá Alien, esto es una suave brisa de verano y no hay ley que me impida comerme unas tostadas, está en la constitución nacional…por ahí)
La parte triste del asunto es saberse obligado a escuchar las desventuras de la tercera edad relatadas en primera persona. Que el turno del PAMI, que la cola del banco para cobrar, que no entendía el cajero automático y siempre terminaba cobrando por caja…que la cadera le dolía pero los médicos le decían que el reemplazo había quedado bien, que no tenía que preocuparse. (Si señores, me gané honradamente las tostadas con dulce de leche)
La cuestión es que el forro del altillo no bajaba más. El habitante de ese lugar infecto, donde duerme y cranea la destrucción de todo lo conocido, un energúmeno de 1,80 mts y con la barrera de los 100 kilos pasada hace rato, un asiduo habitante de las estafas por internet que tenía la mayoría de sus ahorros en bitcoins, ese abominable ser…es mi mejor amigo… y ustedes no deben tener amigos mejores que yo así que chito la boca.
La mañana se estiraba indeciblemente (como estoy con las palabritas hoy) mientras intentaba que mi amigo bajara al plano terrenal. Yo entiendo que para él esa pieza oscura sólo iluminada por monitores encendidos era el Valhalla, pero para el resto de los mortales era un espacio nocivo para la salud. El día en que entraba luz solar se evidenciaba que Odín vivía en un chiquero y las valkirias, bueno…pobres valkirias.
El gordo Quique tenía la teoría de que la sociedad había llegado a un punto en que se podía vivir encerrado en una habitación toda una vida sin inconveniente alguno. Para mí eso podía pasar en Japón, pero acá tenía que agradecer que la madre le cocinaba religiosamente y lo mantenía, porque sus dudosas transacciones en la red rara vez le reportaban los jugosos dividendos de los que solía alardear

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