«Control, me encuentro en el cuadrante primero de la
galaxia Pedorria…si control, espacio exterior.»
Saliendo de casa sin plan definido. Es la naturaleza
de cualquier fuga, se prioriza la libertad de los cuerpos por sobre el destino
de los mismos. Y en base a esa premisa enumeré una escasa cantidad de destinos posibles que se ajustaban a los
magros fondos de la tarjeta SUBE, el resultado no era alentador. Pero si había
que escaparse del presidio, era cuestión de estar dispuesto a la improvisación,
después recordó que los escapes se planeaban milimétricamente, después se
refutó argumentando que lo que se planea es la fuga en sí, que no se tiene
control más que de lo que se conoce, que en este caso era la prisión materna.
Después se aburrió y se puso a escuchar música en el celular. Reproductor de
música – Playlist – música reciente – Fugazi…Wainting room…play…
El mundo tomaba color con un poco de bajos
saturados, voces desgarradas y guitarras distorsionadas, al menos para él.
Había que definir un itinerario lógico. Lo primero que saltaba a su cabeza era
visitarla a ella. Si…ella…¿ nombre? Implacable carcelera que trastorna mis
días…o en su defecto Leonella. Siempre resistía ese primer impulso, se había
prometido no ponerla primero en la lista. Era claro que le movía el piso pero
una buena dosis de negación mantenía las cosas en ese limbo donde viven los
boludos no correspondidos. Era molesto escuchar la voz del inestimable Quique
diciéndole “¿No te cansás de ser el intendente de la Friendzone?” (Gordo forro)
El icono del Wathsapp me provocaba…maldito globito
verde, mil veces maldito, ¿cómo? ¿Qué queres que te apreté?...es demasiado
temprano para caer en ti…Chats – escribir nuevo – “Hola Leo, qué onda? Por
dónde vas a andar hoy?...
Calma gente, Todavía no lo mandé, estoy sopesando el
mensaje…ah me había olvidado, hoy la palabra clave es sopesar, la escuché en un
capítulo de esas series de detectives forenses…para mí no habían sopesado un
carajo porque fueron detrás del sospechoso equivocado pero bueh, la culpa era
del guionista.
Sopesemos.
Me siento Bart cuando Lisa le enseña a
concentrarse…esto no está funcionando, esto no está funcionando…
Supongamos que no tengo ganas de verla, mentira,
pero supongamos…
El gordo suele trasnochar enviciado con sus juegos
de rol y sus FPS, ergo, no va a despertarse temprano, y si fuerzo la situación
me termino fumando a la madre toda la mañana mientras él hace como que se
levanta cuando todos sabemos que es mentira. Hace un poco de ruido, y así la
madre me usa de hijo por un rato por la falta acuciante de afecto (acuciante
puede ser una palabra a recordar para aprender en futuros encuentros mis
queridos niños) Era espacio vedado para su madre, ella le gritaba desde el descanso de la
escalera
─Bebé…vino tu amigo, levantate mi amor…
Nunca había contestación. Sólo ruidos a persona
deambulando, tirando cosas como un Kink Kong de barrio. Esa era la señal para
que la señora dejara de usar expresiones tan cariñosas como humillantes para el
bebé de 32 años que cohabitaba con la dama en cuestión. Ella me arqueaba las
cejas con resignación y me ofrecía cordialmente
─ ¿querés unos matecitos?...
─ No se moleste señora ─ le contestaba siempre
tratando de zafar de lo inevitable…─ Ay vos…siempre tan tímido, dale que traje
el pan calentito ─me decía con una sonrisa que uno no se atrevía a
borrar…(eh…que miran así?…acabo de salir del planeta maldito de mamá Alien,
esto es una suave brisa de verano y no hay ley que me impida comerme unas
tostadas, está en la constitución nacional…por ahí)
La parte triste del asunto es saberse obligado a
escuchar las desventuras de la tercera edad relatadas en primera persona. Que
el turno del PAMI, que la cola del banco para cobrar, que no entendía el cajero
automático y siempre terminaba cobrando por caja…que la cadera le dolía pero
los médicos le decían que el reemplazo había quedado bien, que no tenía que
preocuparse. (Si señores, me gané honradamente las tostadas con dulce de leche)
La cuestión es que el forro del altillo no bajaba
más. El habitante de ese lugar infecto, donde duerme y cranea la destrucción de
todo lo conocido, un energúmeno de 1,80 mts y con la barrera de los 100 kilos
pasada hace rato, un asiduo habitante de las estafas por internet que tenía la
mayoría de sus ahorros en bitcoins, ese abominable ser…es mi mejor amigo… y
ustedes no deben tener amigos mejores que yo así que chito la boca.
La mañana se estiraba indeciblemente (como estoy con
las palabritas hoy) mientras intentaba que mi amigo bajara al plano terrenal.
Yo entiendo que para él esa pieza oscura sólo iluminada por monitores
encendidos era el Valhalla, pero para el resto de los mortales era un espacio
nocivo para la salud. El día en que entraba luz solar se evidenciaba que Odín
vivía en un chiquero y las valkirias, bueno…pobres valkirias.
El gordo Quique tenía la teoría de que la sociedad
había llegado a un punto en que se podía vivir encerrado en una habitación toda
una vida sin inconveniente alguno. Para mí eso podía pasar en Japón, pero acá
tenía que agradecer que la madre le cocinaba religiosamente y lo mantenía, porque
sus dudosas transacciones en la red rara vez le reportaban los jugosos
dividendos de los que solía alardear

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