martes, 9 de octubre de 2018

QUERIDO DIARIO...




06:57... ¿Cuántas posibilidades hay de despertarse tres minutos antes de que suene la alarma?
Supongo que algo de ese verso de que el cuerpo tiene un reloj interno puede ser posible, era “plausible”... ¿ya puedo usar esa palabra? Creo que la escuché ayer, o la leí. Suena bien, al menos voy a intentar mecharla hoy en mis pensamientos diarios, y con suerte, en alguna charla o quizás la escriba en mi nota suicida. Eso podría ser apropiado. Lástima que se mató... tenía futuro, usaba palabras difíciles como “plausible”, una pena podrían decir. O también cabía la posibilidad de que dijeran...era un boludo que hablaba en difícil, nunca se le entendía nada, y así le fue. En fin, la fama puede ser efímera.
06:58...mierda, ya perdí un minuto...debería haberlo dormido...aunque creo que es biológicamente imposible conciliar el sueño en tan poco tiempo...eso dicen, ¿debería intentarlo ahora? ¿Qué perspectiva de éxito puedo tener después de otra noche de mirar el cielorraso descascarado? No. Tengo que planear mi escape. Mi madre va a cargar contra mi estilo de vida apenas detecte actividad biológica en este cuarto. Quizás sean mis 120 segundos de paz del día, no puedo dormir en el único momento en que mi vida aparenta normalidad. ¿Cuál fue la mentira que le dije ayer cuando me asedió? Mi madre puede ser implacable cuando se trata de descalificar cada intento de sentido que le proveo a esta existencia. Esto ya parece el sitio de Jerusalén. Supongo que no tengo nada que envidiarle a esa pobre gente. Siempre con algún ejército esperando en la puerta. Seguramente hoy tampoco habría paz. Los cruzados de mi madre, en forma de comentarios descalificadores, vendrían a por mí. Sus delicadas formas, esas con las que solía definirme, tenían la sensibilidad del ariete empujado contra los portones, por una veintena de guerreros transpirados, maldicientes, enfundados en corazas de metal, en pleno calor desértico. ¿Sigo?...Y aún así, creo que ellos serían más amables que mamá...
Creo que le hablé de una entrevista de trabajo. Sí, me confirman de estudios centrales la información y me soplan por la cucaracha que eso fue un error, claramente. Tenía que disfrazarme de “entrevista laboral” y eso no era plausible. (¿Vas entendiendo como funciona esto?)
No. No trabajo, pero es por principios. No me mires como mi madre, guarda tu ariete. Tengo una interesante manera de explicarlo, y maneras alternativas de proveerme lo necesario. Mi subsistencia estaría garantizada. Dejemos ese tema por ahora. Mierda...se nos acabó el tiempo.
Alcanzó el despertador justo antes de que se active la alarma. Presionó el botón con la presión justa y necesaria, pero no más. Todo debía realizarse con extrema suavidad. Su único aliado en esa batalla era el silencio. El radar materno estaba activo siempre desde temprano. Dicen que la maldad no descansa. De lo que él podía estar seguro era que, al menos, se levantaba bastante más temprano que el resto.
Había que organizar el vestuario para el día...estaba seguro que sería apropiada esa corbata negra que usó por única vez en la fiesta de egresados del secundario, con esa camisa blanca que usó por única vez en la fiesta de egresados del secundario, los zapatos que usó por única vez en la fiesta de egresados del secundario... ¿cómo se llama la obra? En fin, sería redundante continuar con la secuencia. Básicamente era una reedición de su último “logro” ya que no hubo nuevas conquistas. La estrategia era unir el recuerdo de cuando había logrado terminar su secundario, a duras penas, pero terminado al fin, aunque había cierta discrepancia con esa materia pendiente que había aparecido aprobada por un error administrativo, un error que costó bastante caro. El otro elemento de la táctica era la promesa de un porvenir maravilloso, convertido en un perfecto engranaje en la maquinaria productiva. El sueño de toda madre.
—Tomás... ¿querido? Son las 7. —se oyó en la penumbra. La puerta apenas se entreabrió dejando entrar la claridad del pasillo. A pesar de la aparente amabilidad, la voz de su madre lo dejó helado. El famoso caballo de Troya.
—Podrías levantarte que vas a llegar tarde. —insistió la mujer. Había un rastro de tensión en el tono. El ariete iba tomando impulso.
—Ya me levanto mamá, ¿me podrías planchar el pantalón?
Silencio. Mala señal. Quizás no fuera necesario plancharlo. —Aunque creo que está bien porque lo dejé colgado aparte... ─más silencio... ¿Houston?...
—El pantalón ya lo planché anoche Tomás, porque si esperaba a que te dieras cuenta querido... ¿algo más en lo que no pensaste? yo no entiendo que mierda tenés la cabeza, ¿así quien carajo te va a querer contratar? —dijo en su perfecto tono materno. —Para empezar tendrías que levantarte de esa bendita cama y darte una ducha... ¿hace cuanto que no te bañas? Mugriento como tu padre...no, si yo me saqué la lotería con ustedes dos, el otro que no aparece por días, se cree que esto es un hotel, después me dice que está trabajando...(a los muros señores, que nos atacan dirían los Jerusalinos...¿Jerusalienses?...bueno, esos)
(Stop, o pause, organicémonos, empezaré a usar los paréntesis sino esto se desmadra. Dejen que mi madre siga despotricando contra mi padre. Un pobre tipo o como se suele definir, un hombre normal, quizás demasiado simple, que se fue hace tres años, seguramente cansado de la vida, o de esta vida, o queriendo averiguar que es tener una...también es cierto que la engañó todas las veces que pudo. Una vez nos cruzamos en un bar, estaba con la amante. Una de tantas. Mi viejo definitivamente poseía una noción de belleza extraña, ¿viste cuando dicen “belleza exótica”? Bueno, ni eso. Digamos que era más una concepción medieval, eso de que cuanto más anchas las caderas, más preparada estaba la mujer para dar a luz sin problemas. (Bueno señores medievales, se me ponen de acuerdo, porque no entiendo la relación entre muslos en extremo cárnicos y facilidades para la maternidad) la señora en cuestión no era particularmente agraciada. (Noten el esfuerzo que hago para no decir fea...pero FEA... ¿ya dije que era fea?) Lo importante es que tenía suficientes caderas para soportar varios partos. Era un gran prospecto...para el S. XII. Aunque la edad le daba para un intento más, o ninguno. Bueno, la ciencia avanzó mucho, que se yo. Volvamos a la habitación, mi mamá ya dio un portazo. Los beneficios de la evasión)
07:06 aunque no lo crean solo pasaron nueve minutos de mi vida y creo que ya entienden mi tendencia suicida. (ah...cierto...todavía no les hablé de eso, me autoespoilee)
Hizo el ademán de levantarse de la cama pero dudó. Siempre le pasaba. Era un motor en frío girando a bajas revoluciones, se apagaba fácil. Podría blanquear la situación con su madre, confesar que no había entrevista de trabajo. Que no había intención de asistir a una. Que no había futuro realmente. Pero el rosario de maldiciones del mes ya había tenido su misa. Tenía tendencia suicida pero no dejaba de lado lo racional. Además se garantizaba una salida rápida y un día de furiosa evasión. La noche sería otra historia. Había que venir en un horario en que los radares descansaran. No era difícil. Pasada la novela brasilera su madre sería carne del Alplax.  
Tuvo que levantarse finalmente. No podía tentar la suerte de otro encuentro con su madre. Era necesario activar mínimamente.
Próxima parada, el baño. Allí sucedía lo primero que importaba en el día. Tendría el encuentro matutino con su oponente. Ese del espejo, el boludo que lo llevaba puesto, el que siempre le devolvía una mirada. Are you talking to me?
Pero lo que le devolvía el espejo era cualquier cosa, menos desafiante.
—Hola guapetón, hace un rato que no nos vemos. —Se notó las habituales ojeras, los ojos tenían esos predecibles derrames, típicos de una noche en vela, pero más allá de su estado era hora de otro round. Hizo lo primero con mucha tranquilidad mientras apoyaba una mano en la pared y con la otra eliminaba cierto picor de la nalga derecha. Se lavó apenas los dientes, su madre dejaba siempre la pasta destapada y se hacía un tapón en el pico, intentó sonsacar algo de producto pero terminó masticando un pedazo a manera de chicle. Se lavó la cara con desgano y se examinó el maldito acné que todavía se negaba a retirarse. Se mojó un poco el pelo y tiró el flequillo para adelante. Nunca lograba tapar del todo los ojos, lo puso de costado, tampoco era cuestión de parecer un emo. Tapó un solo ojo. Ahora parecía un animé. Lo revolvió un poco y dejó de mirarse. Esto ya no tenía mucha solución —Hubiera sido más lógico intentar con lo de la universidad hoy, ¿cómo se te ocurre meter lo de la entrevista? Estamos peor de lo que pensamos... (Me gustaba cómo hablaba en plural conmigo mismo, ni siquiera mi voz interior quería hacerse cargo de mi yo)

—Tenemos algunas horas, juguemos a encontrar un motivo para no usar el 38 esta noche. ─dijo y tanteó con cuidado sobre el botiquín. El metal frío confirmó la ominosa presencia del revolver allí. Mudo y a la espera. Lo tomó y se lo apoyó en la sien. Sintió un escalofrío. Un poco por la temperatura del metal y otro poco por...

─“el 38 está cargado, le puse balas pero no se hace apretar” — se animó a cantar pero en un tono apenas audible. Todavía no dominaba el arte de no emitir sonido. Sus charlas a veces salían de él hacia el mundo exterior y era peligroso, No había que alimentar a la bestia, no podía darle el lujo del regocijo a su madre. Volvió a dejarlo en su lugar. Que la noche decidiera por él.

— ¿Podés dejar de pelotudear en el baño Tomás?...

— Mala mía, me lo merezco, tendría que haber escapado hace algunos segundos. Hace un par de millones. —dijo casi en un suspiro. —Igual todo puede solucionarse esta noche— se dijo a manera de consuelo. ─Estamos siempre a un gatillo del paraíso.

¿Paraíso? No era muy religioso que digamos, creo que lo habían bautizado por la católica de chico, pero esa garantía seguro que había expirado. Cualquier cosa le parecía mejor que lo presente a esa altura. Podía tranquilamente ordenarle los papeles a San Pedro o cebarle mates al diablo. No sería peor, bah...depende de si Lucifer tenía yerba, que cagada si decía que no tenía.
Entreabrió la puerta casi sosteniéndola, miró hacia el lado de su habitación. El primer scan visual dio negativo. Parecía la película de Alien donde los tipos miraban a todos los wines para ver el coso baboso ese. Nada...nada...nada...abandonando la zona segura. De pronto algo que pareció una sombra se deslizó de quien sabe dónde. Cómo los tipos de la nave puso cara de “cagamos fuego”. Estaba detrás de él. Solo había dado dos pasos fuera de la seguridad del baño. Intuyó que si se daba vuelta estaría frito. Imaginó las fauces de la criatura abriéndose lentamente. Ya empezaba a asomar el pendorcho ese de boca que salía como disparado hacia uno. La verdad que ser semejante bicho para matar solo con ese resorte era medio decepcionante. Pero el cagazo era la previa. Por lo menos los de la nave tenían un aparatejo a manera de detector. Nada muy sofisticado, y bastante al pedo. Solo servía para ponerlo nervioso a uno porque mostraba unos puntitos que se iban acercando. Tipo Pacman, pero vos eras el puntito que se iban a morfar...en fín, maldito bicho, ya termina con este suplicio.
 — ¿La podés terminar de dar vueltas Tomás? Se nota que te morís de ganas de conseguir trabajo —le dijo la madre mientras le alcanzaba un pantalón (sabía que me olvidaba algo) la mencionada camisa blanca y corbata negra. Vestite que se hace tarde...y por favor péinate ese nido que tenés en la cabeza—. Más respeto con mi estilo señora pensó, pero no se lo dijo.
Una vez disfrazado de entrevista, sabía que tenía la salida asegurada. Sólo debía escabullirse por la ventilación para que el Alien no lo viera. Tomó su inseparable mochila negra. La carita drogada de Nirvana, estampada en su lomo ya lucía un visible deterioro. Apenas mostraba algún resto de ese intenso amarillo característico. Supongo que yo también empezaba a decolorarme, pero ¿cómo saberlo? Ruidos en la cocina. El animal estaba poniendo la pava. Era el momento de cruzar la nave. Si Ripley pudo yo no iba a ser menos. Vamos, todos esperan que lo logres, solo no vaciles, puedes ser el héroe de esta historia. Sólo unos pasos más hasta la puerta...
¡¿Tomás?! (Cagó el héroe) —ni se te ocurra irte sin desayunar, tomate un té por lo menos, después vas a andar comiendo porquerías por la calle— (¡Cuanta hipocresía! llamen al ANMAT para denunciar lo que me hace comer esta señora) los largos brazos de la criatura aprisionaron al valiente comandante de la nave (si loco, puedo ser el comandante de la nave si se me canta)

—Me dijo tu tía Gladys que le mande por teléfono el nombre de la fábrica o eso, adónde sea que vas...viste que ella trabajó en muchas empresas, ella conoce de eso para averiguar si son confiables.

(paréntesis para mi tía Gladys, la hermana de mi madre, llamémosle criatura número dos, o mejor, el bicho ese que se te prendía a la cara y después te hacía salir un alien chiquitito de la panza, tenía un nombre en inglés...bah, un parásito alien. La cosa es que a mi tía la echaban siempre por cleptómana. Le gustaba afanarse cosas, y lo de saber mucho de empresas es un decir. Ahora era cajera temporal en un supermercado chino. Cabía la posibilidad de que le cayera la mafia china si la enganchaban robándose algo de ahí, pero para que andar por la vida haciéndose ilusiones. Igualmente una fábrica de detergente y una veterinaria no es “muchas empresas”. La cosa es que mi tía tenía dos cualidades. Afanarse boludeces compulsivamente y tratar de levantarse a los encargados que tenía, con resultados dispares. No voy a abrir otro paréntesis para eso. Podríamos agregar una tercera “cualidad”, hacerse la mujer de mundo y saber más de chusmerío que de realidad, pero bueh, mi madre la tenía por referente y me la tiraba en la jeta cuando podía para que me infecte con el alien de la mediocridad. ¿Cerré el paréntesis?... ¿no? ...bueno) ¿contento?
Se tomó el té lo más rápido que pudo, no era cuestión de ahondar en las intenciones de chusmerío de la tía Gladys. Además, la empresa imaginaria a la que iba corría serios riesgos de quebrar si metía a la segunda criatura en la película.

—Tomá despacio Tomás, ¿no sabés que si te quemás mucho te agarra cualquier cosa después? Mirá que si te agarra un cáncer por boludo, yo no voy a andar a las corridas por los hospitales...

(Era bueno saberlo, no sé cuanto hay que correr si hay un solo hospital oncológico, pero supongo que necesitaremos una segunda opinión del hospital de quemados...diagnóstico...té muy caliente)
Pasada ya la ceremonia del té volvió a levantarse y agarró su eterna mochila negra, por segunda vez. Su madre iría a buscar el celular para que le agende su número, (No lo cambio hace años pero a mi madre le prometí pasarle el nuevo) Tardaría alrededor de 5 minutos aproximadamente ya que nunca recordaba que lo dejaba detrás del espejo de la cómoda. (Alplax, mi buen amigo) Hizo revisión de objetos preciados. Billetera (elemento testimonial más que nada) Celular (crackeado por el inestimable Gordo Quique con su extraordinaria pericia tecnológica que hacía que le chupe crédito a otras cuentas, teniendo siempre datos para internet y llamadas semilibres) desodorante de marca indefinible con fondo falso (adentro guardaba mis fasitos, pero es top secret) El checking estaba cumplido. La capsula de evacuación lanzaba vapores a chorros mostrando que estaba lista para partir. Sabía que solo ella lo sacaría de la nave madre para librarse de las horrendas criaturas, antes de que todo estalle, o por lo menos antes de que su madre volviera con su teléfono celular. Lanzó un escueto saludo al aire para quien lo quisiera oír, aunque no hubo resultados aparentes y emprendió la fuga. Saludo protocolar cumplido, (listos los motores,...a toda máquina capitán!) próxima parada, el olvido, se dijo, y salió raudo hacia el espacio exterior.

Pd. plausible.
Del lat. plausibĭlis.
1. adj. Digno o merecedor de aplauso.
2. adj. Atendible, admisible, recomendable. Hubo para ello motivos plausibles.
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