lunes, 27 de mayo de 2024

La mujer sin nombre

 

La mujer sin nombre


De todas las tragedias que sucedieron en el barrio, que no fueron pocas, lo que pasó con la señora de la esquina es una de esas que es digna de ser contada. 

Y lo fué, por mucho tiempo, hasta el hartazgo, pero nunca estuvo completa. Mutilada como esas cosas que vemos atropelladas en la ruta y no podemos identificar facilmente....era un perro?...gato?...

Sólo sabemos que hasta el día de hoy nadie supo dar con el ingrediente principal, así que cada uno le agregó, como a los guisos de campo, eso que creemos que es el alma, el sabor característico. Ese gusto que, quizás porque se añora una época o queda adosada a la nostalgia y se vuelve un recuerdo casi irreproducible. Eso pasó con un aspecto fundamental de ese relato barrial. Quedó a la orilla de la veracidad, coqueteando con la fábula, exagerada con el tiempo pero con esa omisión siempre presente. Se podía describir mucho de los sucesos y sus protagonistas, pero nadie nunca supo decir con exactitud como se llamaba la señora que vivía en la esquina.

Llamémosla Mirta, o Juana. Eso queda librado al azar. La cosa es que nadie solía verla mucho por el barrio, era casi una ermitaña. Tenía una modesta huerta y un gallinero con 3 ponedoras batarazas. El marido, que se llamaba Luis y era apenas más sociable, hacía muebles de madera, nada demasiado complejo, y dos veces por semana salía con su carro a venderlos, pero nunca cerca de donde ellos vivían. Eran una especie de misterio. Cómo subsistían? les alcanzaba con ese carro cargado de muebles que volvía casi en idénticas condiciones a como había salido? Tampoco es que fueran oriundos de allí. Solo aparecieron instalados un fin de semana. Pasando por debajo de todos los radares vecinales. Parecían haber llegado de noche relató la verdulera que tenía el local casi enfrente, en diagonal. 

—Te juro que si venían de día los hubiera visto, viste que no me gusta cerrar al mediodía, como mi marido no duerme la siesta dejo abierto, si total para lo que se vende...

La cosa se ampliaba cuando intervenía el policía retirado que vivía a media cuadra.

—No eran trigo limpio esos , se andaban escondiendo, seguro en algo andaban porque nunca asomaban la cabeza, porque como están las cosas de podridas ya no se puede salir a la calle, se necesitan un buen par de botas para volver a acomodar esto...

El que siempre pretendía aportar claridad de conceptos era el arquitecto. 

—A esa gente hay que dejarla tranquila, porque nunca se sabe que traen...mucha negatividad, andá a saber, le dije el otro día a Eleonora...Eleonora es mi mujer...y le digo que...viste que ella tira las runas...bah es un hobby pero no sabés como te orienta...nosotros para irnos de viaje preguntamos siempre...viste que runa significa secreto...bueno pero es que en realidad como eso está en otro plano no hay nada oculto para ellas pero en realidad también significa susurro...bueno ahí está...no se puede decir, o sí pero no muy alto...me entendés? —contestó seguro ante el micrófono del cronista.

Julián, el movilero de NotiPlus, el noticiero más visto del oeste, había recibido el encargo temprano, a las 6 de una mañana fresca cuando apenas estaba llegando al canal de cable zonal donde hacía sus primeras armas en el periodismo. La cosa es que le pidieron jugo y lo único que veía potable eran las naranjas que vendían en esa esquina. Se sentó un rato en un cajón de verduras vacío y volvió a mirar la escena, casi en frente, en diagonal. La casa quemada, ennegrecida hasta los cimientos, la pared, o muro perimetral, técnicamente hablando, estaba partida por el calor aunque estuviera 5 metros separada de la linea de edificación, una montaña negra al costado de la propiedad que era la madera que acumulaba el dueño de casa para hacer sus muebles. Y ningún vecino que pudiera atestiguar cómo había empezado el fuego.

El hombre de al lado que estaba revisando su techo buscando daños por el calor, apenas lo vió se puso incómodo y lo saludó apenas moviendo la cabeza pero no mucho más, no había querido dar nota al ver el tumulto en la calle. Se sabía que era un hombre reservado, de modales hoscos, poco querido en el barrio según le comentaron. El asunto es que por ubicación, siendo la casa del siniestro la de la esquina, la geografía le regalaba al vecino de junto el poco amable título de principal sospechoso, eso si se sostenía la hipótesis de que el incendio no había sido accidental.

Pero la policía no tenía muchas ganas de investigar. Los bomberos hicieron un primer peritaje pero el resto le correspondía a la autoridad federal. Y allí la cosa se empezó a torcer hacia el accidente



 






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