06:57...
¿Cuántas posibilidades hay de despertarse tres minutos antes de que suene la
alarma?
Supongo que algo
de ese verso de que el cuerpo tiene un reloj interno puede ser posible, era
“plausible”... ¿ya puedo usar esa palabra? Creo que la escuché ayer, o la leí.
Suena bien, al menos voy a intentar mecharla hoy en mis pensamientos diarios, y
con suerte, en alguna charla o quizás la escriba en mi nota suicida. Eso podría
ser apropiado. Lástima que se mató... tenía futuro, usaba palabras difíciles como
“plausible”, una pena podrían decir. O también cabía la posibilidad de que dijeran...era
un boludo que hablaba en difícil, nunca se le entendía nada, y así le fue. En
fin, la fama puede ser efímera.
06:58...mierda,
ya perdí un minuto...debería haberlo dormido...aunque creo que es biológicamente
imposible conciliar el sueño en tan poco tiempo...eso dicen, ¿debería
intentarlo ahora? ¿Qué perspectiva de éxito puedo tener después de otra noche
de mirar el cielorraso descascarado? No. Tengo que planear mi escape. Mi madre
va a cargar contra mi estilo de vida apenas detecte actividad biológica en este
cuarto. Quizás sean mis 120 segundos de paz del día, no puedo dormir en el
único momento en que mi vida aparenta normalidad. ¿Cuál fue la mentira que le
dije ayer cuando me asedió? Mi madre puede ser implacable cuando se trata de
descalificar cada intento de sentido que le proveo a esta existencia. Esto ya
parece el sitio de Jerusalén. Supongo que no tengo nada que envidiarle a esa
pobre gente. Siempre con algún ejército esperando en la puerta. Seguramente hoy
tampoco habría paz. Los cruzados de mi madre, en forma de comentarios
descalificadores, vendrían a por mí. Sus delicadas formas, esas con las que
solía definirme, tenían la sensibilidad del ariete empujado contra los portones,
por una veintena de guerreros transpirados, maldicientes, enfundados en corazas
de metal, en pleno calor desértico. ¿Sigo?...Y aún así, creo que ellos serían
más amables que mamá...
Creo que le
hablé de una entrevista de trabajo. Sí, me confirman de estudios centrales la
información y me soplan por la cucaracha que eso fue un error, claramente.
Tenía que disfrazarme de “entrevista laboral” y eso no era plausible. (¿Vas
entendiendo como funciona esto?)
No. No trabajo,
pero es por principios. No me mires como mi madre, guarda tu ariete. Tengo una
interesante manera de explicarlo, y maneras alternativas de proveerme lo
necesario. Mi subsistencia estaría garantizada. Dejemos ese tema por ahora.
Mierda...se nos acabó el tiempo.
Alcanzó el
despertador justo antes de que se active la alarma. Presionó el botón con la
presión justa y necesaria, pero no más. Todo debía realizarse con extrema
suavidad. Su único aliado en esa batalla era el silencio. El radar materno
estaba activo siempre desde temprano. Dicen que la maldad no descansa. De lo
que él podía estar seguro era que, al menos, se levantaba bastante más temprano
que el resto.
Había que
organizar el vestuario para el día...estaba seguro que sería apropiada esa
corbata negra que usó por única vez en la fiesta de egresados del secundario,
con esa camisa blanca que usó por única vez en la fiesta de egresados del
secundario, los zapatos que usó por única vez en la fiesta de egresados del
secundario... ¿cómo se llama la obra? En fin, sería redundante continuar con la
secuencia. Básicamente era una reedición de su último “logro” ya que no hubo
nuevas conquistas. La estrategia era unir el recuerdo de cuando había logrado
terminar su secundario, a duras penas, pero terminado al fin, aunque había
cierta discrepancia con esa materia pendiente que había aparecido aprobada por
un error administrativo, un error que costó bastante caro. El otro elemento de
la táctica era la promesa de un porvenir maravilloso, convertido en un perfecto
engranaje en la maquinaria productiva. El sueño de toda madre.
—Tomás...
¿querido? Son las 7. —se oyó en la penumbra. La puerta apenas se entreabrió
dejando entrar la claridad del pasillo. A pesar de la aparente amabilidad, la voz
de su madre lo dejó helado. El famoso caballo de Troya.
—Podrías
levantarte que vas a llegar tarde. —insistió la mujer. Había un rastro de tensión
en el tono. El ariete iba tomando impulso.
—Ya me levanto
mamá, ¿me podrías planchar el pantalón?
Silencio. Mala señal.
Quizás no fuera necesario plancharlo. —Aunque creo que está bien porque lo dejé
colgado aparte... ─más silencio... ¿Houston?...
—El pantalón ya
lo planché anoche Tomás, porque si esperaba a que te dieras cuenta querido...
¿algo más en lo que no pensaste? yo no entiendo que mierda tenés la cabeza, ¿así
quien carajo te va a querer contratar? —dijo en su perfecto tono materno. —Para
empezar tendrías que levantarte de esa bendita cama y darte una ducha... ¿hace
cuanto que no te bañas? Mugriento como tu padre...no, si yo me saqué la lotería
con ustedes dos, el otro que no aparece por días, se cree que esto es un hotel,
después me dice que está trabajando...(a los muros señores, que nos atacan dirían los
Jerusalinos...¿Jerusalienses?...bueno, esos)
(Stop, o pause, organicémonos,
empezaré a usar los paréntesis sino esto se desmadra. Dejen que mi madre siga
despotricando contra mi padre. Un pobre tipo o como se suele definir, un hombre
normal, quizás demasiado simple, que se fue hace tres años, seguramente cansado
de la vida, o de esta vida, o queriendo averiguar que es tener una...también es
cierto que la engañó todas las veces que pudo. Una vez nos cruzamos en un bar,
estaba con la amante. Una de tantas. Mi viejo definitivamente poseía una noción
de belleza extraña, ¿viste cuando dicen “belleza exótica”? Bueno, ni eso.
Digamos que era más una concepción medieval, eso de que cuanto más anchas las
caderas, más preparada estaba la mujer para dar a luz sin problemas. (Bueno
señores medievales, se me ponen de acuerdo, porque no entiendo la relación
entre muslos en extremo cárnicos y facilidades para la maternidad) la señora en
cuestión no era particularmente agraciada. (Noten el esfuerzo que hago para no decir
fea...pero FEA... ¿ya dije que era fea?) Lo importante es que tenía suficientes
caderas para soportar varios partos. Era un gran prospecto...para el S. XII. Aunque
la edad le daba para un intento más, o ninguno. Bueno, la ciencia avanzó mucho,
que se yo. Volvamos a la habitación, mi mamá ya dio un portazo. Los beneficios
de la evasión)
07:06 aunque no
lo crean solo pasaron nueve minutos de mi vida y creo que ya entienden mi
tendencia suicida. (ah...cierto...todavía no les hablé de eso, me autoespoilee)
Hizo el ademán
de levantarse de la cama pero dudó. Siempre le pasaba. Era un motor en frío
girando a bajas revoluciones, se apagaba fácil. Podría blanquear la situación
con su madre, confesar que no había entrevista de trabajo. Que no había intención
de asistir a una. Que no había futuro realmente. Pero el rosario de maldiciones
del mes ya había tenido su misa. Tenía tendencia suicida pero no dejaba de lado
lo racional. Además se garantizaba una salida rápida y un día de furiosa
evasión. La noche sería otra historia. Había que venir en un horario en que los
radares descansaran. No era difícil. Pasada la novela brasilera su madre sería
carne del Alplax.
Tuvo que
levantarse finalmente. No podía tentar la suerte de otro encuentro con su madre.
Era necesario activar mínimamente.
Próxima parada,
el baño. Allí sucedía lo primero que importaba en el día. Tendría el encuentro
matutino con su oponente. Ese del espejo, el boludo que lo llevaba puesto, el
que siempre le devolvía una mirada. Are you talking to me?
Pero lo que le
devolvía el espejo era cualquier cosa, menos desafiante.
—Hola guapetón,
hace un rato que no nos vemos. —Se notó las habituales ojeras, los ojos tenían
esos predecibles derrames, típicos de una noche en vela, pero más allá de su
estado era hora de otro round. Hizo lo primero con mucha tranquilidad mientras
apoyaba una mano en la pared y con la otra eliminaba cierto picor de la nalga
derecha. Se lavó apenas los dientes, su madre dejaba siempre la pasta destapada
y se hacía un tapón en el pico, intentó sonsacar algo de producto pero terminó
masticando un pedazo a manera de chicle. Se lavó la cara con desgano y se
examinó el maldito acné que todavía se negaba a retirarse. Se mojó un poco el
pelo y tiró el flequillo para adelante. Nunca lograba tapar del todo los ojos,
lo puso de costado, tampoco era cuestión de parecer un emo. Tapó un solo ojo.
Ahora parecía un animé. Lo revolvió un poco y dejó de mirarse. Esto ya no tenía
mucha solución —Hubiera sido más lógico intentar con lo de la universidad hoy,
¿cómo se te ocurre meter lo de la entrevista? Estamos peor de lo que
pensamos... (Me gustaba cómo hablaba en plural conmigo mismo, ni siquiera mi
voz interior quería hacerse cargo de mi yo)
—Tenemos algunas
horas, juguemos a encontrar un motivo para no usar el 38 esta noche. ─dijo y tanteó con cuidado sobre el botiquín. El metal frío confirmó la ominosa presencia del revolver allí. Mudo y a la espera. Lo tomó y se lo apoyó en la sien. Sintió un escalofrío. Un poco por la temperatura del metal y otro poco por...
─“el 38
está cargado, le puse balas pero no se hace apretar” — se animó a cantar pero
en un tono apenas audible. Todavía no dominaba el arte de no emitir sonido. Sus charlas a
veces salían de él hacia el mundo exterior y era peligroso, No había que
alimentar a la bestia, no podía darle el lujo del regocijo a su madre. Volvió a dejarlo en su lugar. Que la noche decidiera por él.
— ¿Podés dejar
de pelotudear en el baño Tomás?...
— Mala mía, me
lo merezco, tendría que haber escapado hace algunos segundos. Hace un par de
millones. —dijo casi en un suspiro. —Igual todo puede solucionarse esta noche—
se dijo a manera de consuelo. ─Estamos siempre a un gatillo del paraíso.
¿Paraíso? No era
muy religioso que digamos, creo que lo habían bautizado por la católica de
chico, pero esa garantía seguro que había expirado. Cualquier cosa le parecía
mejor que lo presente a esa altura. Podía tranquilamente ordenarle los papeles
a San Pedro o cebarle mates al diablo. No sería peor, bah...depende de si
Lucifer tenía yerba, que cagada si decía que no tenía.
Entreabrió la
puerta casi sosteniéndola, miró hacia el lado de su habitación. El primer scan
visual dio negativo. Parecía la película de Alien donde los tipos miraban a
todos los wines para ver el coso baboso ese. Nada...nada...nada...abandonando
la zona segura. De pronto algo que pareció una sombra se deslizó de quien sabe
dónde. Cómo los tipos de la nave puso cara de “cagamos fuego”. Estaba detrás de
él. Solo había dado dos pasos fuera de la seguridad del baño. Intuyó que si se
daba vuelta estaría frito. Imaginó las fauces de la criatura abriéndose
lentamente. Ya empezaba a asomar el pendorcho ese de boca que salía como
disparado hacia uno. La verdad que ser semejante bicho para matar solo con ese
resorte era medio decepcionante. Pero el cagazo era la previa. Por lo menos los
de la nave tenían un aparatejo a manera de detector. Nada muy sofisticado, y
bastante al pedo. Solo servía para ponerlo nervioso a uno porque mostraba unos
puntitos que se iban acercando. Tipo Pacman, pero vos eras el puntito que se iban
a morfar...en fín, maldito bicho, ya termina con este suplicio.
— ¿La podés terminar de dar vueltas Tomás? Se
nota que te morís de ganas de conseguir trabajo —le dijo la madre mientras le
alcanzaba un pantalón (sabía que me olvidaba algo) la mencionada camisa blanca
y corbata negra. Vestite que se hace tarde...y por favor péinate ese nido que
tenés en la cabeza—. Más respeto con mi estilo señora pensó, pero no se lo
dijo.
Una vez
disfrazado de entrevista, sabía que tenía la salida asegurada. Sólo debía
escabullirse por la ventilación para que el Alien no lo viera. Tomó su
inseparable mochila negra. La carita drogada de Nirvana, estampada en su lomo
ya lucía un visible deterioro. Apenas mostraba algún resto de ese intenso
amarillo característico. Supongo que yo también empezaba a decolorarme, pero
¿cómo saberlo? Ruidos en la cocina. El animal estaba poniendo la pava. Era el
momento de cruzar la nave. Si Ripley pudo yo no iba a ser menos. Vamos, todos
esperan que lo logres, solo no vaciles, puedes ser el héroe de esta historia.
Sólo unos pasos más hasta la puerta...
¡¿Tomás?! (Cagó
el héroe) —ni se te ocurra irte sin desayunar, tomate un té por lo menos,
después vas a andar comiendo porquerías por la calle— (¡Cuanta hipocresía! llamen
al ANMAT para denunciar lo que me hace comer esta señora) los largos brazos de
la criatura aprisionaron al valiente comandante de la nave (si loco, puedo ser
el comandante de la nave si se me canta)
—Me dijo tu tía
Gladys que le mande por teléfono el nombre de la fábrica o eso, adónde sea que vas...viste
que ella trabajó en muchas empresas, ella conoce de eso para averiguar si son
confiables.
(paréntesis para
mi tía Gladys, la hermana de mi madre, llamémosle criatura número dos, o mejor,
el bicho ese que se te prendía a la cara y después te hacía salir un alien
chiquitito de la panza, tenía un nombre en inglés...bah, un parásito alien. La
cosa es que a mi tía la echaban siempre por cleptómana. Le gustaba afanarse
cosas, y lo de saber mucho de empresas es un decir. Ahora era cajera temporal
en un supermercado chino. Cabía la posibilidad de que le cayera la mafia china
si la enganchaban robándose algo de ahí, pero para que andar por la vida
haciéndose ilusiones. Igualmente una fábrica de detergente y una veterinaria no
es “muchas empresas”. La cosa es que mi tía tenía dos cualidades. Afanarse
boludeces compulsivamente y tratar de levantarse a los encargados que tenía,
con resultados dispares. No voy a abrir otro paréntesis para eso. Podríamos
agregar una tercera “cualidad”, hacerse la mujer de mundo y saber más de
chusmerío que de realidad, pero bueh, mi madre la tenía por referente y me la
tiraba en la jeta cuando podía para que me infecte con el alien de la
mediocridad. ¿Cerré el paréntesis?... ¿no? ...bueno) ¿contento?
Se tomó el té lo
más rápido que pudo, no era cuestión de ahondar en las intenciones de chusmerío
de la tía Gladys. Además, la empresa imaginaria a la que iba corría serios
riesgos de quebrar si metía a la segunda criatura en la película.
—Tomá despacio
Tomás, ¿no sabés que si te quemás mucho te agarra cualquier cosa después? Mirá
que si te agarra un cáncer por boludo, yo no voy a andar a las corridas por los
hospitales...
(Era bueno saberlo, no sé cuanto hay que correr si hay un solo
hospital oncológico, pero supongo que necesitaremos una segunda opinión del
hospital de quemados...diagnóstico...té muy caliente)
Pasada ya la
ceremonia del té volvió a levantarse y agarró su eterna mochila negra, por
segunda vez. Su madre iría a buscar el celular para que le agende su número, (No
lo cambio hace años pero a mi madre le prometí pasarle el nuevo) Tardaría
alrededor de 5 minutos aproximadamente ya que nunca recordaba que lo dejaba
detrás del espejo de la cómoda. (Alplax, mi buen amigo) Hizo revisión de
objetos preciados. Billetera (elemento testimonial más que nada) Celular
(crackeado por el inestimable Gordo Quique con su extraordinaria pericia
tecnológica que hacía que le chupe crédito a otras cuentas, teniendo siempre
datos para internet y llamadas semilibres) desodorante de marca indefinible con
fondo falso (adentro guardaba mis fasitos, pero es top secret) El checking
estaba cumplido. La capsula de evacuación lanzaba vapores a chorros mostrando
que estaba lista para partir. Sabía que solo ella lo sacaría de la nave madre
para librarse de las horrendas criaturas, antes de que todo estalle, o por lo
menos antes de que su madre volviera con su teléfono celular. Lanzó un escueto
saludo al aire para quien lo quisiera oír, aunque no hubo resultados aparentes
y emprendió la fuga. Saludo protocolar cumplido, (listos los motores,...a toda
máquina capitán!) próxima parada, el olvido, se dijo, y salió raudo hacia el
espacio exterior.
Pd. plausible.
Del lat. plausibĭlis.
1. adj. Digno o merecedor de
aplauso.
2. adj. Atendible, admisible,
recomendable. Hubo para ello motivos plausibles.
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