─Hola Inés, soy Marta, tengo que pedirte un favor.
Era cualquier tarde de agosto, con un calor que no parecía obedecer al almanaque. Eso ponía de mal humor a Marta. Ella no soportaba las altas temperaturas.
Inés todavía estaba rotulando medicación cuando la vió llegar. La modesta salita sanitaria del barrio era un lugar un poco impropio para el Toyota que la asistente social manejaba. No lo llevaba demasiado porque le parecía excesivo para su trabajo pero cuando algo le urgía olvidaba hasta sus pudores...o prejuicios. Se bajó apurada con una carpeta color marrón, de esas que tiene un elástico negro que les sujeta el contenido.
Inés se acodó en el marco de la puerta. Tenia los brazos cruzados enfundada en su eterno saquito de lana verde. A las 5 de la tarde ya el trabajo del día estaba hecho pero los viernes acomodaba el depósito mientras espiaba de a ratos el barrio desde la puerta de la salita, eternamente abierta. Era uno de los últimos refugios que los vecinos compartían. Inés era más que la enfermera de "la salita" Era patrimonio social a esa altura.
─Licenciada, no la esperaba un viernes. La hacía camino al country club a esta hora.
─No empieces ─se limitó a contestar la recién llegada.
─Pasá, ya puse la pava, te toca cebar.
Inés siguió acomodando la medicación según fecha de vencimiento y acomodando las dosis prellenadas en la pequeña heladera. Tenía que aplicarlas el lunes. Habían entrado las vacunas para la gripe. Un poco tarde pero había que aplicar todo el lote. El calor mentiroso tenía fecha de vencimiento a mitad de la semana y todavía quedaban fríos por delante. Los abuelos, las embarazadas y los chicos en edad de jardín eran su blanco y los vería desfilar en breve.
─Tengo un caso y me está superando. ─arrancó Marta mientras le pasaba el primer mate.
─Pasame las planillas que están atrás tuyo...de qué nivel de superación estamos hablando?
─Del mucho. Vos sabés que no te voy a molestar por pavadas.
Inés se sonrió. A veces con Marta era simple saturación. Era de esas mujeres que no saben soltar a tiempo y su trabajo la exponía a situaciones complejas.
─A quién vas a salvar esta vez?
─Rocio, 16 años. Embarazo de 24 semanas. Viene con todo el combo ─dijo apoyando una prolija uña esculpida color rosa chicle sobre la carpeta marrón que había traído.
Inés suspiró y arqueó las cejas, eso podía significar muchas cosas en el rubro. Y sin embargo sabía que la debilidad de su amiga de la infancia era todo lo que roce con la adolescencia y una temprana pérdida personal.
De las chicas del barrio era la que había "progresado" por así decirlo ya que se puso de novia rápido y dejó la carrera cuando la cosa se volvió seria con el pibe de padres bien. Pronto llegó el casamiento, la mudanza al country y el cambio de status, pero los años de matrimonio no significan felicidad y 15 intentos de lograrlo le parecieron suficientes. Había tratado de hacer la cosa funcionar y hasta por momentos lo hizo meramente para que Mara, su única hija, tuviera un marco de contención adecuado. Volvió a la carrera después de unos años y se había recibido mientras la criaba, quizás por un capricho de creerse independiente, como solía afirmar su ex marido, pero así fue. El diploma de Asistente Social adornó por años el amplio comedor de su casa en el country. Tenía toda la teoría social y psicológica fresca, todas los recursos para tratar el entorno del sujeto, tenía tantas herramientas y a la vez ninguna, para anticipar o procesar el hecho de que su hija tuviera depresión profunda y se suicidara antes de su cumpleaños número 15.
Desde allí todo fue en bajada. Un resbaloso camino a los infiernos personales. No quedó nada que pueda señalarse como un después. El dolor fue un agujero negro que se tragó su futuro y la dejó anclada en el presente. En "ESE" presente. El matrimonio se fue mucho más rápido todavía. Solo quedó eso que colgaba en una pared de su amplio comedor como testimonio de que hubo un momento previo. Era ese pequeño marco negro y una enorme casa rodeándolo. Y una foto dónde tenía a su hija de la mano mientras alzaba el cartón enrollado que decía graduada. Esa era Marta hoy, un cartón enmarcado y una foto, denunciándola, al menos en su cabeza. Una brasa en el alma que quemaba sin consumir y dolía sin descansar. Y desde allí, la eterna lucha con la culpa y la dudosa misión de ir por ahí rescatando a todas, por una.
─Ya sé lo que me vas a decir...─arrancó con aires de disculpa.
─Ah? resulta que es adivina la señora ─contestó la enfermera con una risita mientras le devolvía el mate. ─Contame todo, y no le pongas tanta azúcar.
─Hogar disfuncional.
─... Como siempre.
— Socioeconómicamente bajo
—... qué novedad.
— Me vas a dejar hablar?
Inés se sonrió y siguió etiquetando ibuprofeno jarabe al 4%
─El papá del bebé no está ubicable.
Inés se mordió la lengua para no acotar. Pero su cabeza pudo más.
─Al menos no es del tío o algo así.
─No es tan fácil...creo que hay historial de abuso.
Inés revoleó los ojos y su boca hizo un gesto involuntario pero Marta la ignoró.
─Tiene déficit alimentario y un embarazo de 24 semanas, en cualquier momento de alto riesgo, esa nena no tiene buena salud.
─Ya veo. Pero 24 semanas es mucho. No se puede intervenir demasiado. ─se atajó la enfermera.
─No...no es eso. Quiero que alguien le hable, alguien que no sea yo. Vos sabés que a veces me cuesta.
Inés se tomó un momento para mirarla a los ojos. Marta le esquivó la mirada y se puso a cambiarle la yerba al mate.
─La seguís soñando a Mara?
Marta suspiró.
─Todas las semanas, pero ya no me angustia, ya no es como antes. A veces es todo lo que quiero ver cuando me acuesto.
Habían sido duros los primeros tiempos de la pérdida. Inés trabajaba en una clínica de noche y varias veces le había tocado hacer de sostén de su amiga durante los días. Sobre todo cuando juraba que la veía en la casa caminando.
─Los procesos son personales, pero eso no es sano para vos. Lo sabés...
─Es todo lo que me queda Inesita, dejame esto al menos.
─Qué querés hacer con la piba?
─Hablarle, desde todos los ángulos posibles.
─Tenés miedo que haga algo raro para sacárselo? que se muera en un sucucho clandestino?
─No es eso Inés, para ella era recomendable interrumpirlo, pero salió al revés la cosa...lo quiere tener.
─Bueno, ya sabés como es Marta, a veces quieren enganchar a un muchachito y...
─Es virgen Inés...
La enfermera dejó el jarabe que tenía en la mano en el estante y suspiró de nuevo. Tenía que lidiar día a día con realidades variadas. No había espacio para la fantasía traumática de una adolescente.
─Una cosa es explicarle a una pibita como es la vida, pero con vos se me hace complicado...
─Prefiero que le hables vos Inés. Ya sé cómo suena. A menos que sea un abuso intrafamiliar que no pueda asimilar porque jamás tuvo un novio ni se acercó mucho a un muchacho.
─Estamos de acuerdo en que no fue el espíritu santo no?
Quizás fue la expresión de Marta lo que la preocupó. O lo inverosímil de la charla. Ya que esperaba ese mínimo consenso con su vieja amiga pero no lo obtuvo. Solo una promesa de que en un par de horas la niña la visitaría ahí mismo. Así que Inés puso la pava de nuevo y le cambió la yerba al mate. Parece que todavía no había terminado su guardia.
La chica se bajó del Toyota de Marta sola, tenía una mochila amarilla que llevaba en el regazo. Se abrazaba a ella como si fuera una criatura. Golpeó tímidamente sin animarse a entrar.
─Pasá, te estaba esperando...
─Hola...me trajo la señora Marta, me llamo Rocío ─dijo y se sentó en la sala de espera. Inés la saludó con un beso y cerró la puerta. Ahora oficialmente había terminado la atención del barrio y solo restaba ese pequeño asunto.
─A ver...contame, cómo está eso de tu embarazo?
─Y... más o menos señora.
─Inés...me llamo Inés. Cuántos años tenés? Te hiciste los controles? de cuántas semanas estás?
─16...si, me hice, pero cuando me empezaron a hablar de que era muy chica y que no lo tenga dejé...24 semanas.
─Esa charla siempre te la tienen que dar cuando es embarazo adolescente. Casi nunca te hablan bien antes de esas cosas y tenés que saber las opciones.
─Pero yo lo quiero tener, es mi regalo.—Dijo estrujando la pequeña mochila amarilla.
Inés percibió un reborde, una resistencia sutil y cambió el enfoque. No quería perder la batalla antes de tiempo.
─Necesitamos saber algunas cosas del embarazo para cuidar a tu bebé, sabemos si el papá tuvo alguna enfermedad? hepatitis? enfermedades venereas? Hay que saber si tuvo algo que le pueda afectar al bebé
─No tiene papá, es mío nada más.
─Te entiendo, yo más que nada porque..
─Nunca estuve con un hombre. Por eso le digo.
Inés hizo una pausa y la miró fijo por un instante, quería saber si era simple negación.
─Vos sabés como se produce la concepción Rocio?
Las dos se miraron. La enfermera se reprochó a sí misma no haber sido más sutil pero la pregunta ya estaba hecha. Flotando y acusando.
─No soy una ignorante señora. Él es un regalo. Yo no podía tener me entiende? me salió algo de chica, un bulto y me tuvieron que vaciar. ─Soltó con indignación.
Inés suspiró como venía haciendo desde temprano. No quedaba más remedio que jugar el juego que le proponían. "ay Marta vos y tus ideas" es todo lo que pensaba. Ese "ÉL" era lo que más la turbaba. En su cabecita ya ese él era real, tenía sexo el bebé, o lo imaginaba así.
─Siempre es el último recurso una histerectomía, sobre todo en personas jóvenes. Quizás no te explicaron bien. Mi idea no es juzgarte sino apoyarte en esto. Marta también está para ayudarte.
─La señora Marta es buena. Yo se que se preocupa, pero yo estoy bien. Lo quiero tener...pero nadie me cree cuando les digo que soy virgen señora. Él es un milagro.
Inés la seguía mirando. La teoría del abuso empezaba a perfilarse en su cabeza. En ese escenario técnicamente ella podía defender perfectamente su virginidad porque no la había entregado, se la habían arrebatado y era una pulseada distinta.
─Bueno, pongámonos de acuerdo en algo. Yo te puedo revisar y confirmar lo que me decís. Igual la idea era controlarte, tomarte los valores y ver cómo está todo. Te parece?
La adolescente se paró y se acostó en la camilla casi sin indicación. Decidida. Eso le agradó a Inés. Después de todo, estaba mostrando demasiada madurez para la edad que tenía, en esa situación. Le tomó la presión mientras le hablaba y la acomodó para revisarla. Había asistido en quirófanos y participado en partos. Podía hacer de matrona si lo quisiera pero nunca le atrajo el mundo de la obstetricia. Se encontró con más de lo que pensaba. Para empezar, con un himen rosado e intacto. Sin embargo, la vagina despedía un olor fétido. Algo que ya había experimentado. Supo tener una suegra que había muerto de cáncer de cuello de útero y despedía un olor similar. Sin embargo esa panza parecía a todas luces un embarazo saludable. La enfermera pensó en escenarios que pudieran poner a una joven en una situación que se preste a confusión. La alteración hormonal se podía dar con algunos diagnósticos ligados al cáncer. Hasta dar falsos positivos en el test de embarazo, y para cerrar el diagnóstico, causaba distensión abdominal. Pero la nena hablaba de embarazo. Estaba muy segura. Tenía que tener algun estudio que lo confirme. Algo a lo que aferrarse.
─Cómo te enteraste? tuviste un atraso y te hiciste un test? una ecografía?
─Me lo dijo una tía, una de Corrientes, y tengo una eco de cuando era más chica, ahí va a entender.
Metió la mano en la pequeña mochila y rebuscó. Inés la miró casi con ternura. Quién podía negarle la ilusión? ella no estaba para eso. Imposible saber más allá de lo que Marta le contaba. Quién sabe por lo que había pasado esa criatura antes de llegar a estar sentada en esa camilla. Trayectos...cada paciente tiene el suyo, y esa era la gracia de su oficio. Facilitarlo en cuánto fuera posible, sin interponerse. Inés siempre había sostenido que se dedicaba a otra cosa, o eso pretendía. No estaba para juzgar a nadie, bastante hacían con lo que les ofrecían sus realidades. Para qué castigar a quién ya se está flagelando desde siempre.
La adolescente le extendió un informe médico que no era más que un breve texto impreso que decía poco y nada, hasta que leyó algo perdido en la jerga médica, una linea, una oración, un problema "ausencia quirúrgica de cuerpo uterino"
El resto fue cautela, había que hacer un laboratorio y una ecografía nueva, pero no alarmar, mantener la línea del normal tratamiento.
─Tambien tengo un test positivo ─dijo y sacó una tira blanca de un bolsillo de la mochila. La mochila era tan infantil, de un amarillo furioso y con dibujos de Bob Esponja, Inés hubiera tragado saliva si hubiera estado sola. Nada estaba de acuerdo con la situación. Era apenas una criatura abrazando la idea imposible de procrear como si fuera un premio.
─Ve? es un milagro señora, eso es, un regalo. ─dijo abrazando su pequeña pancita redonda, toda la ilusión del mundo encendida en su mirada clara. Ojos grandotes, sueños que se resistían a quebrar.
─Cómo estás en tu casa? cómo se compone tu familia?
─Vivo con mi papá, pero seguro me tenga que ir, está enojado, me dice puta ─dijo mientras se le enturbiaba la mirada. ─Él no quiere sabe nada del milagro. Y como culparlo?
─Bueno, no es la mejor reacción pero es medio entendible. Hay que asimilar la situación.
─Mi tía me ayuda, se vino de Corrientes para darme el mensaje y ya se quedó, no en mi casa porque mi papá no la quiere pero está cerca.
─Te voy a dar unas recetas, las vas a llevar a la guardia del hospital de la ruta, ahí está el doctor Ruiz, él las va a sellar para que puedas hacerte los estudios si? si podes te vas temprano en ayunas y ya te quedas hasta que te hagan todo.
─Me van a decir que me lo saque?
─Tenemos que saber cómo está tu embarazo ─mintió sin inmutarse Inés mientras le guardaba las órdenes en la mochilita. ─Volvé con los resultados y vemos como seguir, si?
Esa noche discutiría con Marta, por lo precario de la situación y por no haber podido hacer que la piba se controlara.
Marta se defendió como pudo pero la realidad era que la adolescente había sido muy hermética, solo accediendo a sus consejos cuando ya la situación era insostenible. El supuesto embarazo ya mostraba evidencias en su cuerpo y su padrastro había reaccionado con hostilidad a la noticia. Y en el medio Marta haciendo malabares con pinos ajenos. Con público ajeno. Con angustia propia.
Los siguientes días se propuso averiguar algo de la tía. La persona que sostenía en parte la idea alocada de la inmaculada concepción. Le mandó mensaje a Marta tratando de que la reunión suceda.
─Mirá que es todo un personaje ─fue el aviso que le dió su amiga.
La siguiente tarde sucedió el encuentro. Se encontró con una señora de vestido de algodón rojo y estampado de flores parada en la puerta de la salita pero sin entrar. Rápido se dió cuenta Inés de que no era por timidez sino que examinaba el lugar con atención. Desde la distancia y sin apuro.
─Hola... usted es la tía de Rocio no?
La señora era extremadamente flaca, tanto que la piel cetrina y curtida parecía un cuero correoso pegado a los huesos. No era muy alta, casi encorvada y consumida. Solo destacaba un bulto oscuro en pleno escote, ahí donde los huesos de las costillas se unen solo que no había un generoso busto sino apenas una forma turgente y magra que recordaba que allí debían estar los pechos. Y en el medio un bulto que no debería surgir. Negruzco y ajeno, antinatural.
─Pase, siéntese que tomamos unos mates si quiere.
La figura enjuta se acomodó con ojos duros y gesto severo. Miraba con atención el entorno y cada tanto aterrizaba la mirada en la enfermera del barrio. No era una mirada blanda y amable sino una blindada, fría y distante.
En cuanto le ofreció un mate recibió la negativa con la mano y una mirada que seguía observando la salita con atención.
─Solo mate de vino doña. Cosas mías. ─fue toda la explicación.
─Si arranco tan temprano con eso no emboco ni un pinchazo así que me conformo con el mate común.