Nunca pude ser distinto. Porque soy esto.
No niego que a veces me detesto o lo haré. Solo hay que darme tiempo.
Me muevo entre las sombras mejor que un pez en el viento. Porque los
peces no vuelan y lo se y yo se quedarme quieto. Como la risa que me
persigue desde que recuerdo. Y que conjuré una tarde según intento. Pero
de las cosas que acechan peligrosas, son
peores al por ciento, si portan rostros familiares. Sin importar lo que siento.
¿Acaso es una cubierta? ¿o es que las potencias me han designado esto?
El saludo gélido de una familiaridad, que no merezco.
O quizás es que la vida sólo se reduce a eso. Acariciar con el látigo y traicionar con un beso.
¿Acaso es una cubierta? ¿o es que las potencias me han designado esto?
El saludo gélido de una familiaridad, que no merezco.
O quizás es que la vida sólo se reduce a eso. Acariciar con el látigo y traicionar con un beso.
Habrá que echarle un ojo a esos
días en que la muerte guiña el párpado sencillo.
Ese que se ha vuelto hueso.
Y me han roto y he vuelto a ser compuesto, como el mecano de un mago. Soy las partes que no han vuelto.
Ese que se ha vuelto hueso.
Y me han roto y he vuelto a ser compuesto, como el mecano de un mago. Soy las partes que no han vuelto.
Y que agrio es ese vino, que bebo con desconcierto, desde que conocí mi origen. El hijo de aquellos miedos.
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